Interesante, desopilante, color, ruido, alegría en las tribunas para recibir y despedir a los gladiadores de Independiente. Desde principio a fin los hinchas vibraron. Todo se pintó con los colores de la liturgia Leprosa. Cada gol se festejó a rabiar más que en la Copa Libertadores. Un clásico es un Clásico y había que ganarlo y Los Azules lo entendieron mejor y se fueron con las manos en los bolsillos y cantando bajito.