Junto a su banda La Misteriosa, que dirige su marido el compositor y saxofonista estadounidense Paul Cohen, Lila Downs pisará Mendoza por primera vez hoy para presentar su último trabajo discográfico, “Balas y chocolate”, un disco que “se creó a partir de lo que me pasa en lo personal y de los contrastes que ocurren en mi país”, según ha dicho la cantante.
La gira sudamericana de Downs pisa suelo mendocino antes de los dos conciertos que ofrecerá en el Teatro Gran Rex porteño los próximos viernes y sábado.
“Este es un proyecto que surge de lo que pasa en mi país y en el entorno cultural y social de México, que presenta una serie de contrastes, ya que por un lado somos un crisol de diversidad que se celebra de diversos modos y con distintas ceremonias y por otro reina en algunos lugares una violencia terrible que invade nuestros pensamientos diarios”, destaca Lila en charla desde su casa en Oaxaca.
Hija de padre estadounidense y madre mixteca, Downs, que reúne e integra mixturas y procedencias, asegura que este nuevo trabajo discográfico “es esa reflexión sobre la vida y la muerte” y pone como ejemplo la celebración del Día de los Muertos en México, que asume características festivas y muy particulares.
“Se convive con los muertos, se les recuerda y ese día se les hace una ofrenda gastronómica que es un reflejo de ese convivir”, cuenta la artista.
Sobre la situación que enfrenta su país, especialmente después de la matanza de estudiantes de magisterio registrada en Ayotzinapa, en el estado de Guerrero, Lila dice que "es difícil generalizar porque México es un país de muchos millones de personas, muy extenso y de una geografía también muy diversa".
"Para los que podemos ir y venir, encontrarnos con la diversidad surreal de mi país es fantástico, pero al mismo tiempo te puede tocar que de pronto estás inmerso en la violencia, en una situación donde no sabes qué tanto marca la mafia las decisiones y cuánto participa la política en todo eso, lo de Ayotzinapa fue como la gota que derramó el vaso y eso generó mucha movilización y manifestaciones de la gente, pero sigue sin esclarecerse", dice.
Raíces sagradas
Sobre su modo de hacer música, los sonidos y las cosas de su vida y su país que la atraviesan, y de las que deja registro en su nuevo material de estudio, Lila dice que "la meta es lograr borrar fronteras artísticas y también humanas".
"Soy hija de diferentes culturas y a veces esas culturas se han odiado en el pasado y hoy también expresan realidades tristes; la música ha sido mi salvación y por eso la necesidad de retomar cosas que están pasando en la modernidad que me motivan", asegura.
Autora de versiones inolvidables de canciones anónimas y populares como "La cucaracha" o creadora de composiciones propias como "La cumbia del mole" o “Zapata se queda”, entre muchas, Downs asegura que "como artista me aburre la repetición. Creo que siempre hay que buscar sonoridades nuevas y propias e incluso retomar géneros de otros países y pasarlos por el tamiz de uno.
En mi país la música del norte es más celebratoria, mientras que en el sur somos más introspectivos, y yo creo un poco en esos contrastes, en esas dos caras, de hecho en este disco estamos celebrando la vida por medio de los versos a la Parca, esas son las paradojas que nos hacen reflexionar", comenta.
Refiriéndose a las tradiciones populares que recoge y retrata en sus canciones, Lila dice que "esa es la parte sagrada que hay que enaltecer y son los pilares de nuestro trabajo".
"Están las mujeres que trabajan el maíz, hacer el maíz es lo menos acreditado y es una felicidad tributarlas con una canción; en este disco tributamos al cacao, que es un semilla mágica que provoca tanto la avaricia como la sensualidad, y esos elementos me causan mucha fascinación".
Autora de las letras, es su esposo (Paul Cohen) quien comienza el trabajo de armonización de las canciones y Lila cuenta que en este disco todo fue "cocinado a fuego alto por la banda".
"Hicimos una serie de talleres donde nos juntamos, comimos y bebimos y de esos encuentros salieron los arreglos y las músicas de este disco", relata.
Ponerle el pecho a la muerte
Con el álbum “Balas y chocolate”, Lila Downs toma sus armas para hacerle frente a la muerte. La violencia en su país natal y una grave enfermedad que casi se lleva a su marido Paul (se le diagnosticó una rara dolencia terminal de la que está mejorando), hicieron que Lila quisiera hablarle a la muerte en su nueva producción, pero no de una manera oscura. La esperanza que le da su hijo Benito, de 5 años, y el folclore de su país sirvieron de contrapeso.
En el disco tuvo la colaboración de Juanes en “La patria madrina” y de Juan Gabriel en “La farsante”. Con ambos dice tener una conexión especial.
La artista, que también habla sobre la vida y la lucha para los niños migrantes en la canción que da título al disco, transforma su voz versátil en una variedad de instrumentos con una emoción que trasciende las palabras.
Los temas de traición, pérdida, muerte y amor se tejen a través de 13 canciones, fortalecidas por una voz única y sus potentes letras.
La música de múltiples matices tiene resonancias folclóricas y de las tradiciones rurales e indígenas mexicanas, así como variaciones del sofisticado bolero e incluso del jubiloso klezmer judío.
La producción es una hermosa mezcla de sonidos y audioclips que sirven como vitrina para la voz de Downs, que resalta ya sea en temas operísticos o de rap, con falsetes y contraltos llenos de carácter.
“Balas y chocolate” cuenta con 8 temas de la autoría de Downs y su marido y seis covers.