Pasión. Esa palabra mágica que nos identifica a los argentinos cuando hablamos de deportes, estará presente durante toda la jornada de hoy en todos los rincones del país.
Pasión. Esa palabra mágica que nos identifica a los argentinos cuando hablamos de deportes, estará presente durante toda la jornada de hoy en todos los rincones del país.
Es que la locura que ha generado la selección argentina de basquetbol ha llegado a límites insospechados. Es verdad que suele pasarnos a todos en cada cita ecuménica. Nos olvidamos o denostamos un deporte durante todo el año, hasta que empezamos a sentirnos parte cuando los triunfos comienzan a aparecer. Esos triunfos que para muchos son como por arte de magia, pero que tienen todo un trabajo detrás, un trabajo invisible.
Porque creer que las victorias llegan por arte de magia es desconocer una realidad de la que hemos sido testigos en más de una oportunidad.
Creer que el talento de Campazzo, la fuerza y experiencia de Scola o el ímpetu de los jóvenes alcanza es una falacia.
Si fuera por las condiciones de los deportistas, Argentina habría ganado un título de fútbol en los últimos años porque tiene al mejor del mundo, Lionel Messi, más la compañía de de Agüero, de Di María o de Higuaín, muchos de ellos en las altas cumbres de su carrera europea.
Pero no alcanzó y eso fue porque hubo detalles que no estaban. Este equipo que hoy irá por el segundo título mundial de básquetbol para la Argentina, tiene la convicción de que podrá conseguirlo y contagia lo mismo. Tiene espíritu de equipo, se ha despojado de los egos personales (condición sine qua non para que se de una unión) y por sobretodo, la convicción de una dirigencia que apostó a un proyecto y lo mantuvo a lo largo del tiempo.

Algo muy similar a lo que ha pasado en la provincia con Fefusa. No es casualidad que el fútbol de salón de la provincia gane todos los torneos que se van haciendo a nivel nacional no sólo en selecciones y que el crecimiento sea impresionante año a año en cuanto a cantidad de clubes y jugadores. Otro deporte que este año también fue campeón mundial. Es un efecto contagio, que seguramente se evidenciará en el basquetbol en los próximos meses y eso independientemente de lo que ocurra con el partido de hoy, porque creo sinceramente que este equipo ya ganó y nos hizo ganar a todos, porque nos deja la enseñanza de que los logros se consiguen cuando se va en conjunto por un mismo objetivo. Que no hay grieta.
Que en el país es posible que haya una base. Un equipo. Un proyecto.
Algo que el fútbol y el país en general debería adoptar. Y sihablamos de fútbol, tenemos que prepararnos para todo lo que producirá el debut de Diego Maradona como técnico de Gimnasia. Locura a la máxima expresión
Diego, una persona que poco conoce lo que es trabajar en conjunto por obvias razones de su personalidad, es el único que puede ser capaz de eclipsar a lo que pase con el basquet. Es que cualquier gesto, cualquier inquietud que él haga, se potenciará a límites insospechados.
Todo tiene que ver con la pasión de lo que hablamos al inicio. De todas maneras, ojalá la razón prevalezca sobre la pasión. Sería una muestra de madurez.