La historia de Mercedes

Quiero contar una historia de cuando asistía "ad honorem" a pacientes con diabetes en el hospital regional durante la década del noventa.

Desde obstetricia me enviaron para seguimiento a Mercedes, porque estaba embarazada y tenía que comenzar tratamiento con insulina.

En esa época usábamos jeringuillas y frascos de insulina NPH y corriente de 10 centímetros cúbicos, también tirillas para medir la glucemia de una gota de sangre del dedo o el lóbulo de la oreja, con lectura visual de distintos colores según el nivel de glucemia; esto nos permitía calcular la dosis de insulina corriente en ayunas y antes de almuerzo y cena, además de la insulina NPH que recibía antes de desayuno y de cena.

Mercedes, que no sabía leer ni escribir, tenía también que realizar el control de acetona en orina con otra tirilla de lectura visual y registrar los resultados con cruces en una cartilla para traerlos en cada consulta, en la que se hacían los ajustes a medida que progresaba el embarazo.

Mercedes vivía en un puesto de Lavalle y caminaba tres horas para tomar el ómnibus que la traía al hospital. Al principio de su instrucción estuvo internada y luego venía cada quince días a los controles. Ella, que hacía todas las tareas de su hogar, caminaba con un pie varo desde el nacimiento, cuya deformidad no había sido corregida y que entonces, con el peso del embarazo, la obligaba a un nuevo esfuerzo para la marcha.

Mercedes fue de mis mejores pacientes para cumplir con el tratamiento y llegó al parto con una niña sana de tres kilos.

Dieciocho años después hago una interconsulta en sala de ginecología por una paciente con diabetes y cáncer uterino; era Mercedes, a quien enviaban para tratamiento desde la cárcel donde estaba desde hacía tres años porque se había inculpado de realizar un aborto a su hija embarazada por una violación y tenía condena de diez años de cárcel. 
 
Mariana Tarquini
Médica de familia
DNI 20.335.142

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