18 de julio de 2019 - 07:00

La historia de Gabriel Buttini, el único mendocino que murió en el atentado a la AMIA

El día del atentado en la AMIA estaba haciendo arreglos de electricidad en el edificio. El recuerdo de su hermano y su prima a 25 años.

Gabriel Buttini se ganaba la vida manejando un transporte escolar y la mañana del 18 de julio de 1994 estaba descansando porque eran las vacaciones de invierno. Su vecino Daniel Jofré era electricista y el arquitecto que estaba haciendo las remodelaciones de la AMIA lo había contratado para que se encargara de las instalaciones. Jofré necesitaba un ayudante más y le propuso a Buttini que esos días que tenía libres trabajara con él para hacerse con un dinero extra.

El auto en el que iban se paró dos veces en el camino desde Béccar a Once pero como Gabriel también se daba idea en mecánica, lo arregló. Cuando llegaron al edificio de la calle Pasteur 633 el auto se paró y no arrancó más. Gabriel entró a la AMIA con las herramientas y atrás de él la traffic que explotó. En cambio, Jofré se quedó en el auto roto tratando de empujarlo y eso le salvó al vida. 

 

Recién el sábado 24 de julio los rescatistas encontraron el cuerpo de Gabriel entre los escombros. Ese mismo día sus familiares y amigos pudieron velar y enterrar sus restos. En el diario Los Andes se publicaron avisos fúnebres hasta el 27 de julio.

"Fue una conmoción muy grande, fue una muerte muy injusta. Fue un momento de mucha angustia y tristeza", recordó su prima hermana, María Eugenia Buttini. El día del atentado, la periodista vivía en Chacras junto a su esposo Sergio Crisolitti. Había salido a hacer una compras para el almuerzo y ahí se enteró de la tragedia. 

“Dejé las bolsas ahí en el negocio, me volví a mi casa, prendí la tele y cuando leí Gabriel Buttini en la lista de desaparecidos dije ‘es mi primo’ e inmediatamente llamé a Quique (hermano de Gabriel) para saber qué había pasado”, relató.

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En Buenos Aires, Enrique recibió el llamado de su cuñada y empezó a buscar a su hermano.

“Llegué a las 11 al lugar y por mi trabajo (gerente de noticias de radio Continental) tuve acceso a todos los funcionarios desde Carlos Ruckauf hasta Ariel Sujarchuk”, dijo Enrique Buttini.

"Durante el segundo y tercer día tuve esperanzas pero cuando me llamaron el sábado sabía que era para reconocer el cuerpo", añadió.

Víctor Gabriel Buttini Strasser tenía 36 años, estaba casado y tenía dos hijas: Julieta y Denise.  Su prima lo recuerda como una persona inteligente, solidaria, bien parecida, responsable, trabajadora y a veces introvertida. "Era un tipo maravilloso, hacía todo con amor y dedicación", resumió María Eugenia.

Familia en Mendoza

Los abuelos y bisabuelos de Buttini llegaron a la villa cabecera de San Carlos el siglo pasado. Tenían fincas y una gran casa en la calle Lencinas. Allí se juntaban todos los hijos con sus familias. En los veranos, los primos jugaban, cosechaban frutas y verduras en la chacra y andaban a caballo por las tardes.

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Gabriel tenía cuatro hermanos más y era de los menores. Se crió en Godoy Cruz en una casa en la calle General Paz al 200. Su papá, Bernardino Buttini, era funcionario de YPF y profesor de Ingeniería en la UNCuyo. Su mamá, Rita Strasser, era de Comodoro Rivadavia, Chubut.

Hizo la primaria en la escuela N°1042 Arístides de Villanueva sobre la calle España y cuando iba a sexto grado trasladaron a su papá a Buenos Aires.


Víctima: una casualidad llevó a Gabriel ese día a la AMIA.
Víctima: una casualidad llevó a Gabriel ese día a la AMIA.

Ya instalados en la capital, Gabriel terminó sus estudios y empezó a trabajar. En el camino conoció a Patricia Wenetz, con la que tuvo dos hijas. "Era un laburante, muy dedicado a todo lo que hacía. Hablábamos por teléfono y poco antes del atentado me contó que había llevado a su esposa y a las nenas de vacaciones a Gualeguaychú a ver el carnaval", rememoró su prima.

Cuando murió, su padre Bernardino ya había fallecido pero su mamá todavía estaba viva. Desde Mendoza viajaron dos primas al velorio. “Yo no podía dejar de pensar en mi tía y su dolor. Era todo muy angustiante. A muchas personas le entregaban bolsas negras con pedazos”, recordó María Eugenia.

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Pedido de justicia

Enrique Buttini, el hermano de Gabriel, fue el que se encargó de la búsqueda, recorrió las morgues y estuvo con los rescatistas. Por su profesión tenía acceso a información de primera mano. "Recorría todos los lugares con la credencial de periodista en la mano. Me la pasaba entre la morgue y el hospital de Clínicas", describió.

Después la lucha empezó en las calles. Todos los lunes se juntaba con las personas de Memoria Activa a reclamar justicia pero después se alejó de la organización.

"25 años después no hay detenidos. No hay justicia y yo no quiero venganza. Tengo un gran escepticismo sobre el tema", dijo Enrique Buttini.

“No creo que vaya a haber ningún tipo de justicia nunca”, cerró.

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