Como un pájaro de una especie exótica... de esos que al volar uno se queda mirándolos. De porte llamativo y andar maravilloso. Pero de vuelo bajo, porque aunque cueste creerlo hay pájaros que le temen a las alturas. Viajando de acá para allá, a su tiempo. A veces a destiempo. Contra vientos y nubarrones, pero de vuelo elegante y libre, siempre libre. Sin ataduras. "Hice lo que quise y lo disfruté a mi manera", dijo mil veces. De niño con los pies envueltos en barro, de grande con botines de crack y hasta el último día de su vida en los pedales de una bicicleta que adoptó cuando ya no pudo seguir volando. La compañera hasta su triste desenlace, ese que no vamos a entender, ese que no vamos a aceptar. Un absurdo final para una verdadera leyenda argentina. Aquel que le tenía miedo a los aviones, pero que al mismo tiempo desplegaba un fútbol de altísimo vuelo. Mucho más que un mito. Una enorme historia mínima. La del Trinche Carlovich...