Mire la foto: a la izquierda, Pata; a la derecha, Ana. Pero en el medio, como sin saber de qué viene la imagen, la yegua. Así resumen gráficamente las cantautoras uruguayas la idea del espectáculo que hoy vienen a presentar en el Teatro Quintanilla: "Kramer vs. Prada. Canciones yeguas". Lo primero en alusión al clásico de Meryl Streep, pero un litigio de guitarras. Lo segundo, esperen a ver...
“Tiene que ver con reivindicar esa palabra, que desde el punto de vista femenino se usa como algo negativo”, dice Ana Prada mientras prepara unos mates de mediodía. “Unos mates tardíos”, aclara Pata, “porque como buenas uruguayas no podemos obviarlo, no importa la hora”.
Así, apenas amanecidas del show que dieron en Avellaneda el viernes, y con el que ya merodearon por más de veinte puntos del país, se preparan para volver.
Es que sí, a la yegua tordilla le torcieron el significado, ¡y qué bonito! Miren lo que les dijo una vez alguien del público: “De vuestro trabajo, y a partir de él, queda recuperada la palabra yegua como sinónimo de hermosura”. Es que hay un nuevo sentido a contrapelo: cuando la violencia de género es un tema candente y esta palabra, la favorita, ellas aparecen para despojar el insulto y llevarlo como bandera.
Continúa Ana: “Y un poco el repertorio que hemos elegido, entre sus canciones (las de Pata) y las mías, elegimos esas canciones que mueven una fibra emocional potente, que hablan de amor, de desamor, de mujeres que luchan, que aman, de mujeres que ganan y otras que pierden. Es un repertorio que transita por canciones despechadas (lo remarca), como llenas de vivencias emocionales muy fuertes, de esas mujeres que nos animamos a vivir nuestra vida, a luchar por nuestros deseos, nuestros intereses, nuestras ilusiones. Es un universo femenino, aunque también universal”.
Así es que el show, fiel a sus estilos, promete una estructura desestructurada. Las canciones se comparten, se intercambian y se manotean entre sí, libradas a lo natural del momento. En el escenario las acompaña el pianista Ariel Polenta.
“Es un show muy divertido, sucede como un diálogo con la gente y entre nosotros. Pero también es un show ciclotímico: hay gente que viene y me dice que les hice llorar, reír. Y bueno... pido disculpas a veces, porque algunas canciones son así, para emocionarse”, dice Ana pegada al celular.
Juntas, volver al ruedo
Pero si Ana Prada ya nos es conocida (recordemos sus presentaciones en el Americanto, en el Ciclo Veraneo del Le Parc y en la Nave Cultural), Pata (de Patricia, sí) es una artista por descubrir para muchos.
Y no, tampoco es que Prada guste especialmente de formar nuevos tándems todo el tiempo, sino que éste es anterior a los que ya le conocíamos: Ana con Queyi (“Queremos un carril bici”), Ana con Teresa Parodi (“Y qué más”), Ana con Yusa. Es un reencuentro, una reincidencia musical del pasado, que vuelve casi 20 años después ya con dos carreras formadas por separado.
Del lado de Kramer, un trío con Sebastián Pereira y Mariana Vázquez, de donde salió el disco “Un par de intentos”, y otro como solista, “Sostén”.
Del lado de Prada, después de algunos experimentos noventeros con su primo Daniel Drexler (y Jorge también lo es), de dos discos con el cuarteto vocal La Otra y de ser los coros de Rubén Rada, amasó su estilo a rasgueo de guitarra, en la saga de las autoimpugnaciones: “Soy sola”, “Soy pecadora” y “Soy otra”...
Así fue dándose a conocer la oriunda de Paysandú: psicologías femeninas caleidoscópicas, historias de mujeres despechadas y valientes, un aire folky al que le lavaron la cara con narrativas cotidianas, del litoral a la montaña. El género siempre presente: ahí está el ‘anapradismo’ que cautiva.
- Esto es un reencuentro, pero, ¿cómo fue la primera vez que tocaron juntas?
- Cuando nos juntamos por primera vez, yo no componía todavía. Pata ya lo hacía (lo hace desde muy chica), pero yo no; sí cantaba, estaba vinculada con la música y éramos las dos estudiantes, yo de psicología y ella de química. Entonces hacíamos canciones de otros y alguna canción de ella que yo la dejaba cantar porque, claro, en el fondo está el ego de los artistas.¡Me daba envidia que ella compusiera y yo no! (ríe)
- ¿Y ahora qué las unió?
- En este reencuentro yo ya metí canciones mías, Pata de ella, y mantuvimos un poco la tónica de cantar canciones de otros también. Y nos pasó que nos sentimos muy bien, porque cuando ya hemos cantado juntas hace años es como que no ha pasado el tiempo, viste. Es como andar en bicicleta: no te olvidás. Podés no hacerlo por años, pero después de cinco minutos es como que nunca lo hubieras dejado.
Yo también estoy preparando disco nuevo y Pata está en tratativas, maquetando su nuevo trabajo como solista. En el medio, a ambas nos pareció un buen momento para armar algo pequeño, íntimo, portátil, muy fácil de poder viajar por todos lados...
- ¿Tienen canciones de ustedes?
- Estamos componiendo juntas, tenemos varias canciones en el repertorio de hoy. Quizás antes de nuestros trabajos solistas grabemos un disquito de dúo como para darle cierre, o que quede algo de esta etapa.
- Dijiste al pasar que preparás un nuevo disco. ¿Qué podés adelantar?
-Estoy como en búsqueda de canciones. Bastante ocupada con la música, sí, pero no pudiendo demasiado hincarle el diente a mi trabajo personal, aunque están surgiendo cosas nuevas. Voy a dejar que fluya eso un tiempo, y a partir de tener un ramillete más o menos digno de canciones, empezar a maquetar. En el 2017 tengo que sacar un disco sí o sí. Estoy en ese proceso, de composición, de búsqueda de la inspiración (ríe).
- ¿Y cuál es la canción que más disfrutás cantar de Pata?
-A mí la canción que más me gusta cantar de ella es “Sos el apuro”, con varias partes de la letra me siento muy identificada (nota del redactor: en YouTube hay un video que lo atestigua).
Entonces le pasa el teléfono a su compañera, para que responda lo mismo: “Debo reconocer, muy a mi pesar, por aquello del ‘versus’, que me gusta cantar mucho todas las canciones de Ana”.
Pero agrega: “Quizás en la que más disfruto, en esto de robarle la fama, es cantando ‘Pecadora’. Es como que una se siente... (piensa)... no sé, no encuentro el adjetivo. Pero cuando llega la hora y puedo cantar ‘soy pecadora’ (lo dice con firmeza y orgullo), ¡es un momento...!”.
La ficha
Kramer vs. Prada
Día y hora: Hoy, a las 21.
Lugar: Teatro Quintanilla (subsuelo de la Plaza Independencia)
Entrada general: $220.