Juan Antonio Spitalieri: “Cada día resulta más difícil mantener la calidad de la producción de flores”

El floricultor segura que la falta de insumos y la competencia desleal terminan por diezmar las oportunidades del sector. Además, afirma que la producción de la provincia de Buenos Aires pone techo a los precios.

Produce claveles en casi 2 hectáreas bajo cubierta en su propiedad ubicada en Guaymallén. Con 40 años de floricultor, tiene una visión clara del negocio y un panorama amplio del sector, que lo ha llevado a presidir el Mercado Cooperativo de Floricultores de Mendoza, entidad que dispone un espacio comercial sobre calle Alberdi, a metros de la Alameda, en la ciudad capital de la provincia.

Juan Antonio Spitalieri evaluó la situación de la actividad y alertó sobre las complicaciones que se ciernen sobre ella, entre las que destacó el daño que provoca el trato permisivo de las autoridades hacia quienes trabajan fuera de la ley.

-¿Cuál es el escenario de la floricultura en la provincia?

-Mendoza tiene muy buena producción de flores, y está muy bien posicionada en términos de volumen y calidad pero las cuentas no terminan de cerrar. Es bastante difícil la situación, porque seguimos con una serie de problemas que no hay forma de resolver.

El precio de los insumos ha seguido aumentando, hay una presión fiscal muy fuerte sobre los establecimientos que operan dentro de la ley y es muy permisivo con los que siguen trabajando en situación irregular,  que cada día son más. Hay condiciones de mercado que siguen complicándonos, la variabilidad del clima también incide, porque hace variar los ciclos de la estacionalidad que es propia de nuestras producciones.

-¿Cuál es la dificultad que surge en el plano comercial?

-Cuando Buenos Aires tiene problemas para vender manda flores al interior del país y nos tira abajo los precios. Cuando se satura el mercado allá, sacan producción para el resto del país para tratar de salvar algo. Es que ellos también tienen problemas.

En este momento, empresas grandes, que tenían 10 ó 15 hectáreas en producción, se han ido achicando un poco, porque los costos son muy altos, la presión fiscal es muy fuerte y los precios que el consumidor está dispuesto a pagar no permiten terminar de acomodarse.

Hace 20 ó 25 días, un clavel valía -en el mercado mayorista- 60 centavos cada uno. Deducidos los gastos de comercialización, flete y demás, al floricultor no le estaban quedando ni 30 centavos.

-¿Eso ha estado ocurriendo en la provincia de Buenos Aires?

-Claro, por eso empezaron a manejarse con menos gente, a bajar la producción y a bajar los precios… y una vez que Buenos Aires baja los precios y sale a las provincias para descomprimir su plaza, nos está poniendo un techo a nosotros.

Porque siempre hay, acá, alguien que hace el negocio corto, de oportunidad. No faltó quien trajera esas flores pagando 40 centavos; al productor de allá le convenía; y a esa persona que lo único que hizo fue el “pase”, aunque tuvo un costo de flete, lo pudo poner acá a 60 centavos y ganar algo.

-En la actualidad, ¿esos valores han variado?

-Ahora el precio del clavel aumentó. Está entrando clavel de Buenos Aires a casi $ 2 la unidad, incluido el flete. Por una cuestión estacional, está saliendo muy poco clavel acá, pero si yo tengo que vender un clavel hoy, en el puesto, no puedo pedir menos de 2,50 a 3 pesos a mi cliente, que es el florista del puesto de venta al público.

-¿Cómo está respondiendo la demanda?

-De a poco se va consumiendo más flores. Nosotros hemos hecho campañas para que la gente no las compre sólo cuando va al cementerio, sino también para tenerlas en la casa, en los hoteles, en los restaurantes. Uno puede ver (en los programas de televisión, por ejemplo) que en otros países la “cultura de la flor” ha tenido un desarrollo importante, ya sea en espacios públicos o privados.

-Habló de aumentos importantes en el costo de los insumos, ¿tiene alguna precisión?

-Mire, hace un año, una camionada de 8.000 kilos de estiércol de gallina costaba más o menos $ 1.000, y en este momento está arriba de los $ 3.000.

Los fertilizantes: una bolsa de 18-46-0 no pasaba los 70 u 80 pesos, y ahora vale casi 400 pesos. Con los insecticidas hay un problema adicional: al cortarse la importación no tenemos productos de buena calidad. Los de producción nacional no dan resultado. Hace dos años traía un fertilizante mexicano, que era muy bueno, pero no pude traerlo más.

-¿Los números de la actividad están cerrando?

-Cerraban hasta hace un tiempo pero hace un año que no viene bien; como dice el refrán, “lo comido por lo servido”. Pero la mayor preocupación es que cada día resulta más difícil mantener la calidad de la producción de flores.

Eso es fundamental, porque es lo que, en definitiva, asegura la posibilidad de mantenerse en el mercado. Pero los costos aumentan, no se pueden importar los insumos que nos dan los mejores resultados, hay un tratamiento fiscal discriminatorio hacia quienes tenemos todo en regla y trabajamos dentro de la ley. Es difícil.

-¿Cómo ve la actividad hacia adelante?

-Creo que a los floricultores argentinos nos van a superar los productores de la comunidad boliviana, son competidores fuertes. Se están quedando con la mayoría de las tierras, aunque estén alquilando. Salvo unas pocas excepciones, la gran mayoría no paga impuestos, tiene gente trabajando en negro, nadie les exige nada y si uno los denuncia nadie va a tocarlos.

Los organismos que hacen las inspecciones (de trabajo esclavo, de trabajo infantil) van a las empresas registradas y establecidas, donde pueden sacar algo. Como a ellos no pueden sacarles nada, porque muchos ni dirección tienen, no van. Acá la ley debería ser aplicada en forma pareja, porque así no se puede seguir trabajando.

Costos y competencia

El presidente del Mercado Cooperativo de Floricultores de Mendoza alertó que “los productores de la comunidad boliviana son los que están manejando el mercado, desplazaron a los japoneses, a los portugueses, a los españoles y a los italianos”.

Aclaró que ese hecho no es un problema en sí mismo, si no fuera por las condiciones indebidamente ventajosas en las que compite la mayoría de esos productores, según la advertencia del productor de Guaymallén.

Es que tienen un esquema de trabajo donde “participa toda la familia, incluidos menores, y buena parte de los que se incorporan, para completar la fuerza laboral no estarían incorporados en los términos que establece la ley, cobrarían jornales muy bajos y, al parecer, las condiciones de permanencia en los establecimientos no serían las que se nos exigen a quienes cumplimos con lo establecido en materia fiscal y laboral”.

El floricultor Juan Antonio Spitalieri reveló que “por lo datos que tenemos, en el mejor de los casos, a un obrero les estarían pagando más o menos $ 150 el día… y eso es todo y nosotros pagamos $ 220 de bolsillo, más las cargas. Acá, un establecimiento con tres empleados, por ejemplo, tiene que pagar, aparte del jornal, casi $ 11.000 por mes, por los tres empleados”.

Agregó: “No hay autoridad que verifique esa situación y haga cumplir la ley, y así va a ser muy difícil seguir trabajando”.

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