-El productor de huevos tiene un escenario relativamente complejo, en parte por algunas situaciones derivadas de resoluciones ministeriales -que se podrían corregir, y creemos que estamos en la buena senda para lograrlo-, pero ha tenido un rendimiento parejo en los últimos años, sin grandes fluctuaciones, lo que le ha permitido mantenerse, e inclusive seguir creciendo.
-En 2015 vamos a crecer un poquito menos que otros años, pero vamos a quedar con cerca de 42 millones de animales en postura, casi una gallina por habitante. La producción anual va a cerrar en 290 huevos per cápita y estimamos que se van a consumir alrededor de 261 o 262 huevos per cápita.
De esta manera, Argentina será el segundo país en consumo de huevo en América Latina, después de México, que es el mayor consumidor del mundo, y estaría casi igualando a Estados Unidos.
-¿Qué destino tiene ese 10% de diferencia entre producción y consumo interno?
-Hoy hay una producción muy equilibrada. Podríamos decir que tenemos una alianza estratégica con “la mesa de los argentinos”, que es lo que priorizamos. De todos modos, tenemos la opción de la exportación, que hoy también está creciendo.
-Pero hasta no hace muchos meses había preocupación porque la industria no podía llegar al exterior con precios competitivos…
-Hoy no. Se da una coyuntura muy favorable para la industria argentina del huevo. Estados Unidos, por la influenza aviar, mató alrededor de 50 millones de ponedoras. La producción del 40% de las gallinas que tenía Estados Unidos se destinaba a exportación, por lo cual han mejorado mucho los precios internacionales. A raíz de ese problema sanitario, los exportadores norteamericanos perdieron mercados.
-¿Esto abrió algunas plazas comerciales al producto argentino?
-Claro, nos facilitó el ingreso en México -en junio salieron los dos primeros contenedores- y la apertura de China como destino de nuestra producción. En este caso, los protocolos están aprobados desde febrero, pero falta que nos habiliten las plantas procesadoras.
Además, subió el consumo en países africanos y en algunos del Sudeste Asiático y seguimos vendiéndoles huevo -en polvo, por supuesto- a Cuba, Ecuador, Chile, Uruguay, Bolivia. Nuestra producción tiene más de 50 destinos fuera de Argentina. Tenemos una ventaja competitiva y es que producimos un huevo de calidad muy reconocida.
-¿Estas circunstancias han venido a suplir, de alguna manera, el eventual impacto de una devaluación, que parecen estar esperando los exportadores en general?
-Para nosotros, la devaluación no es una solución. En todo caso podría ser parte de la solución. Porque en 8 o 10 meses tendríamos el mismo problema. Hay otras situaciones. Por ejemplo, la carga impositiva es feroz.
En algunos casos, la suma de las cargas del municipio, la Provincia y la Nación supera el 47% o 48%, con superposición de impuestos. Se paga al municipio por seguridad e higiene dentro del establecimiento; bromatología a la Provincia y Senasa a la Nación. Eso conspira contra la industria y contra el consumidor, porque en la mayoría de los casos se termina trasladando al precio.
-El resto de los costos, ¿cómo impactan en la industria?
-El de la logística es un problema muy serio. No puede ser que un flete de Mendoza o de San Juan a Buenos Aires, sea más caro que llevar un contenedor de Buenos Aires a San Petersburgo (Rusia). Por otra parte, estamos teniendo un nivel de conflictividad laboral que antes no teníamos, porque a la gente no le alcanza la plata.
Aun así, en Brasil, por ejemplo, un trabajador del sector está ganando 400 dólares, y acá se paga alrededor de 1.100 o 1.200 dólares. Esos son factores que hacen difícil mejorar los volúmenes de exportación.
-¿Cuál es el escenario futuro que cabe esperar para el sector?
-El sector es dinámico. Se está consolidando la tecnificación. Creo que en 2017 vamos a tener el 50% de la avicultura tecnificada, con tecnología de punta. Esto significa instalar comederos y bebederos automáticos, recolectores de huevos y extractores de guano.
De hecho, una empresa de la Argentina acaba de traer una de las clasificadoras de huevos más importantes del mundo, de las cuales hay vendidas menos de 20 en todo el mundo, y 3 hay en nuestro país. Una de las quebradoras para hacer huevo en polvo más modernas del mundo está en la Argentina.
-Con este contexto, ¿por qué siguen exportando?
-Es un tema que seguimos de cerca, porque la Cámara ayuda mucho a los productores que tienen alguna dificultad con las declaraciones juradas anticipadas de importación, para después poder ingresar tecnología. Y conozco muy pocos que clausuren el viejo galpón una vez que habilitaron el nuevo. Siguen usando los dos.
El sector productor de huevos está muy bien, está muy dinámico. Podríamos estar mejor, pero estamos muy bien en relación con otras producciones argentinas de frutas, de hortalizas, porque hoy un avicultor de Brasil, con la devaluación, está mejor que nosotros.
Conflictos por nuevos enclaves
Javier Prida habló, en otro orden, sobre los conflictos que surgen, en distintos lugares del país, entre granjeros y vecinos de nuevos enclaves residenciales que van avanzando sobre zonas productivas. Se refirió puntualmente al caso de Avícola Brugnoli, cuyo cierre, con decomiso y sacrificio de aves incluido, fue ordenado por una medida judicial que se hizo efectiva en diciembre de 2014, tras un pleito que duró más de una década.
“Hemos tenido un caso muy resonante en Mendoza”, reflexionó Prida. “No compartimos el proceder político, tanto del municipio como del gobierno de la Provincia. El municipio se manejó de una forma bastante arbitraria, y el gobierno provincial prácticamente dejó la situación a la deriva. Una lástima, porque se perdieron fuentes de trabajo. Eso se podría haber hecho en forma ordenada. La Cámara ofreció todo el apoyo logístico e intelectual, pero no se pudo llevar a cabo porque, lamentablemente, los tiempos electorales marcan la agenda de los políticos. Se han dado situaciones similares en dos o tres provincias; hemos hecho juicios y los hemos ganado, y creo que éste no va a ser la excepción”.
El presidente de Capia reveló que “en Buenos Aires llegamos a un acuerdo con el gobierno y empezamos a trabajar sobre un proyecto para que los vecinos que se benefician con el retiro del establecimiento paguen un impuesto que sea destinado a un fondo para relocalizar el establecimiento”.