17 de marzo de 2013 - 22:45

En las iglesias argentinas celebraron la elección de Bergoglio

Miles de feligreses acudieron a las misas con que comenzaron las festividades por la designación del Papa.

Los feligreses acudieron a las distintas parroquias de Buenos Aires para celebrar la primera misa dominical tras la elección del papa Francisco, orgullosos de que el nuevo pontífice sea argentino pero con expectativas diferentes según su condición social.

"Siento orgullo de que un argentino esté al frente de la iglesia de todo el mundo. Hoy vino toda la familia porque es una misa especial", dijo Ana María Quirós, nacida en Buenos Aires en el seno de una familia de bolivianos.

La parroquia Nuestra Señora del Rosario de Nueva Pompeya, en el sur de la capital argentina, está situada en una de las zonas más pobres de la ciudad, donde en las últimas décadas se afincaron gran cantidad de trabajadores bolivianos, paraguayos y peruanos.

En la tienda de la iglesia, a donde todavía no llegaron los souvenirs del nuevo papa, los devotos ingresan a comprar estampitas de San Francisco de Asís, de quien el Pontífice tomó su nombre.

"A San Francisco le pido salud para mi familia y para mí, que ya tengo 74 años", dijo Luis Duarte, un jubilado que vive cerca de la iglesia, luego de pagar 1,50 pesos por la estampita.

En las seis misas del día de esa parroquia se festeja la elección del Papa argentino, asiduo concurrente a esta Iglesia, cuyos sacerdotes pertenecen a la Orden de los Frailes Franciscanos Menores Capuchinos. "Siempre trato de venir a misa y hoy noté un poco más de gente que lo habitual. Espero que pueda hacer muchas cosas en su papado porque la Iglesia tiene que cambiar", dijo a su vez Ramona Báez, una paraguaya de 23 años, madre de dos pequeños.

En el otro extremo de la ciudad, durante el sermón dominical en la Iglesia del Pilar, ubicada en el exclusivo barrio de la Recoleta, no hubo ni una sola mención a la pobreza que inspiró a Jorge Bergoglio cuando eligió el nombre de Francisco.

Hubo en cambio alusión a los pecados y a los pecadores, a la reconciliación y al diálogo y una oración "para que esta patria deshilachada sepa aprovechar esta gracia que dios nos regaló, porque que él sea el papa es una enorme bendición", dijo el sacerdote Francisco Morad.

La nave, cubierta de estucos dorados y con un atril tallado en plata, resultó pequeña para albergar a los feligreses que colmaron como nunca esta iglesia enclavada en el corazón del aristocrático barrio de la Recoleta, contigua al cementerio que alberga bóvedas de tradicionales familias argentinas.

Ernesto Tatiano, un empresario informático de 64 años de porte elegante, consideró "canalladas" las objeciones que se le hicieron a Bergoglio de que presuntamente no hizo lo suficiente para evitar las detenciones de dos jesuitas durante la dictadura militar (1976-1983).

En ese sentido Marina Diego, una estudiante de arte y diseño de 22 años vecina de Recoleta, dijo querer "que este papa traiga paz y amor a este país que es lo que los jóvenes queremos".

Apoyada en la reja de la entrada, Sandra Gutiérrez, de 31 años, estira la mano pidiendo caridad sin mucha suerte, mientras con la otra sostiene a Felipe, su niño de poco más de un año. "Hay gente buena que me ayuda, aunque no siempre", dice con resignación mientras muestra su mano vacía.

"Siento mucho orgullo de tener un papa americano. Por lo que vi en televisión, creo que es un papa con costumbres diferentes a las de sus antecesores. Es menos protocolar, a él lo siento cerca y los otros me parecían inaccesibles", dijo Neida Márquez, de 26 años, ingeniera venezolana, de paseo por Buenos Aires con su marido y una beba.

Según Márquez la Iglesia Católica "se ha quedado en el tiempo y no avanzó con lo nuevo en materia social".

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