El Barcelona presentó el plantel a su hinchada en una tarde festival ante Boca, que perdió en la cancha pero sentó cátedra desde las tribunas.
El Barcelona presentó el plantel a su hinchada en una tarde festival ante Boca, que perdió en la cancha pero sentó cátedra desde las tribunas.
Linda fiesta de bienvenida. Todo de lujo. No era la primera vez que Boca era el invitado para el ensayo general del Barcelona antes del arranque de la temporada. Alta previa. Música.
Discursos populares. Sol de verano. Una tarde perfecta para exhibir en sociedad al viejo equipo con los nuevos jugadores. Messi agarró el micrófono y dijo que este año van a ganar todo, hasta la Champions, o algo parecido. No importaba mucho, porque diga lo que diga a este chico aquí lo van a aplaudir siempre. Unos dos mil hinchas de Boca destacaban en el Gol Sur, y desde el inicio y desde luego se escucharon en todo momento más que los setenta mil locales.
No habían pasado ni dos minutos cuando Lionel pisó una pelota en su propia cancha para lucirse. Se lo veía enchufado al 10. Seguro que más de uno en el Camp Nou se acordó del Mundial, y en cuánto cambia este muchacho cuando lleva puesta la azul y granate.
De los nuevos, solo Arturo Vidal y el canterano Miranda renovaban la imagen del Barça. Los brillantes de Boca como Pavón, Zarate y Carlitos arrancaron desde el banco. Pero el partido estaba entretenido. Como cuando juegas sin nada que perder y con ganas de gustar. Con el Barcelona un poco a tenerla y con Boca un poco a la contra. Muy como se esperaba, pero jugando bien, tranquilos y para el aplauso.
Los 35 grados centígrados apretaban, pero la doce no dejó de cantar en ningún momento. Ni siquiera cuando uno de los debutantes, Malcom, recibió un pase en el área para meter el primero. Andrade pudo hacer un poco más, pero eso importaba poco. Ahí fue cuando se empezaron a marcar las verdaderas diferencias. Claramente era algo amistoso, pero donde de un lado brillaban en la cancha, del otro lo hacían en la grada.
Lo que sería un equipo como el culé con una hinchada como la xeneize…

Esa clase de ideas entretenían más que nada la primera parte, hasta que Messi hizo una de las suyas en el 38’. Internada en el área y definición de cucharita por arriba del arquero. Una vez más y ya son mil. Seguro que todo ese esfuerzo, actitud y acierto no sentaron bien a los argentinos presentes. Pero cada vez cantaban más fuerte. Incluso en el descanso, algo que nadie en Barcelona está en absoluto acostumbrado.
A la segunda parte saltó un equipo del Barça distinto. Ernesto Valverde usó el partido para lo que era; probar y rotar. Zárate y Pavón entraron en los visitantes, pero igualmente se acentuó el tono sereno en el juego. Los catalanes estaban encantados de ver algunos canteranos en los que siempre depositan esperanzas.
Carlitos pisó el verde cuando faltaba media hora y el partido estaba medio aburrido. Luisito Suárez y Dembelé entraron con él y contra él, a ver si se animaba un poco la cosa. Pero fue Rafinha pocos minutos después el que levantó el 3 a 0 y el “oh” del público. Definición de crack para reivindicarse ante todos.
Desde ahí y hasta el final pocas ocasiones, pero mucho toque y buenas formas. Fue de agradecer que el cuadro argentino demostrase elegantemente saber dónde estaba y para qué había venido. Un buen amigo que aceptó venir de visita y hacer el papel de sparring.
Y con los xeneizes muertos de calor acabó la fiesta. Entre abrazos y con muy buenos aires. Tras una linda pachanga de verano, hechas las presentaciones y con grandes sensaciones. Y con los cantitos de la doce, que se quedaron varias horas después repitiéndose en la mente de cualquiera que disfrutase de esta tarde fraternal entre dos de los mejores clubes del mundo.