La presidenta Cristina Fernández fue recibida hoy por el papa Francisco en el Vaticano, a quien elogió por su "sencillez" e invitó a viajar a la Argentina, en un encuentro distendido que marcó un giro en la tensa relación que mantuvo durante años el kirchnerismo con el entonces cardenal Jorge Bergoglio.
La Presidenta calificó de "fructífero" e "importante" el encuentro con el Sumo Pontífice, de quien destacó la "sencillez", así como "los rasgos distintivos" respecto de su antecesor Benedicto XVI.
La mandataria lo invitó a visitar el país a la Argentina pero el Pontífice se comprometió a revisar su agenda "con sus colaboradores" para determinar "una fecha", dijo la primera mandataria durante el informe frente a la prensa internacional luego del almuerzo.
En la oportunidad, la jefa del Estado -que no permitió preguntas de los periodistas- explicó que durante el almuerzo a solas que mantuvieron en la casa Santa Marta dialogaron sobre la realidad latinoamericana, la lucha contra el trabajo esclavo y la trata de personas.
Asimismo, Fernández confesó haberse sentido conmovida por la alusión del Papa a la "Patria Grande" porque, estimó, "habló obviamente de Latinoamérica y del rol que están cumpliendo los distintos gobernantes" de la región.
Reveló también que pidió al Santo Padre su "intermediación" ante el Reino Unido para que acceda a dialogar por la soberanía de las Islas Malvinas.
Fernández de Kirchner fue la primera jefa de Estado en ser recibida por el Pontífice -un día antes de iniciar formalmente su pontificado-, lo que fue interpretado como un "gesto" luego de la tensa relación que mantuvo el kirchnerismo con quien hasta semana pasada fuera arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina.
Otro de los temas que abordaron en el encuentro fue el de la trata de personas y el de la esclavitud, temas en los cuales "hay un gran compromiso por parte de Francisco", dijo.
"Lo ví sereno, lo vi seguro, lo vi en paz, lo vi tranquilo y podría decirle también que lo vi ocupado y preocupado por la inmensa tarea de conducir el Estado Vaticano y el compromiso de cambiar las cosas que él sabe que se deben cambiar", resumió la presidenta su impresión sobre el flamante jefe de la Iglesia Católica.
Adelantó que lo invitó a viajar a la Argentina aunque aclaró que en razón de la "multiplicidad de tareas" que le aguardan al Sumo Pontífice no pudo confirmar esa visita.
Explicó que "todavía tenemos que trabajar sobre la fecha" y admitió que podría ser durante el viaje del Papa a Brasil en julio venidero para el encuentro de las juventudes católicas.
Según mostraron las cámaras televisivas, cuando ingresó a saludar al Pontífice, Cristina Fernández exclamó "Dios es increíble esto, es increíble".
La jefa del Estado apareció en esa entrevista algo nerviosa, sobre todo cuando le tocó el brazo al Papa y se excusó: "Ay, no, no puedo tocarlo".
"Sí, puede tocar, puede...", respondió Francisco, quien luego la tomó del brazo y le dio un beso en la mejilla, actitud que provocó que Cristina confesara: "Nunca un Papa me había besado".
Francisco regaló a la Presidenta un libro con las conclusiones de la asamblea del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), que se realizó en 2007 en Aparecida, Brasil, y al que asistió Benedicto XVI.
En aquel encuentro continental de obispos, Bergoglio había advertido que los pobres ya no son sólo "explotados" sino "sobrantes", al trazar un diagnóstico de la realidad socio-político-religiosa del país antes sus pares latinoamericanos, afirmación que causó fuerte rechazo en el kirchnerismo.
El Papa también le entregó una copia de la placa que recuerda la visita que la Presidenta hizo a Benedicto XVI junto con su par chilena Michelle Bachelet, con motivo de los 30 años del acuerdo que evitó la guerra por el Canal Beagle y una réplica del mosaico de la fundación de la basílica de San Pedro, en la época de Alejandro VI, además de una rosa blanca que representa a Santa Teresita, de la que Bergoglio es muy devoto.
Por su parte, Fernández le obsequió un equipo de mate realizado por cooperativistas del programa Argentina Trabaja y un poncho de vicuña, hecho en Catamarca, para que "lo abrigue del frío de Roma", según dijo.
