27 de abril de 2014 - 09:09

Histórico domingo "de los cuatro papas”

El papa Francisco y el emérito Benedicto XVI presidirán hoy, en Roma, la ceremonia de canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II. Anoche miles de fieles llegados de distintas partes del mundo ya poblaban la Plaza San Pedro, en una entusiasta vigilia a la

La capital italiana comenzó a vivir una jornada histórica tras el anuncio de que el papa emérito Benedicto XVI y el papa Francisco co-celebrarán hoy (6 de la mañana hora local) la misa de canonización de Juan XXIII y de Juan Pablo II en el Vaticano en lo que se conoce ya como el "Día de los Cuatro Papas".

La presencia de dos Papas santos y dos Papas vivos suscita muchas expectativas entre los miles de peregrinos que han colmado Roma, ya que se convertirá en el "Día de los Cuatro Papas", un momento inédito para la milenaria institución.

El Papa emérito, estrecho colaborador de Juan Pablo II por 25 años, co-celebrará la misa junto con 150 cardenales y mil obispos, los cuales serán ubicados al lado izquierdo del altar, explicaron fuentes religiosas.

La ceremonia será simplificada y contará con las reliquias de los dos nuevos santos: una ampolla de sangre de Juan Pablo II y un pedazo de piel de Juan XXIII extraída durante su exhumación en 2000.

Por este motivo, cientos de miles de personas -probablemente un millón- 24 jefes de Estado y de Gobierno, entre ellos los reyes de España, los presidentes de Ecuador, Honduras, El Salvador, Zimbabue, además de miles de polacos, asistirán a la ceremonia solemne en la plaza de San Pedro para santificar a dos Pontífices que marcaron la historia del siglo XX: uno, humilde y cercano a la gente; otro, carismático y capaz de seducir a las multitudes.

En la lista de asistentes figuraba el primer ministro de Ucrania, Arseni Yatseniuk, quien decidió acortar su visita a Roma y regresar a Kiev debido a las tensiones internas por la amenaza de una invasión rusa al Este de su país.

El casco histórico de Roma ha sido asaltado literalmente por una marea de peregrinos y turistas llegados para asistir a un evento único con la presencia, además de 6.000 sacerdotes del mundo entero.

Asistirán también representantes de todas las religiones, entre ellos una importante delegación judía, para rendir homenaje a dos Papas muy diferentes pero que lucharon contra los prejuicios hacia los hebreos.

Desde temprano, miles de fieles ocupaban las vías de acceso a la Plaza de San Pedro, muchos en busca de un lugar para pasar la noche.

Los espacios previstos dentro y fuera de la plaza no siempre garantizan una buena visión. Por ello es preferible ubicarse desde el sábado, piensan muchos, aunque pantallas gigantes repartidas por Roma transmitirán la ceremonia.

Una lluvia fina podría ensombrecer la "noche blanca" de oración organizada en todos los idiomas en quince iglesias del centro.

En la basílica de San Juan de Letrán se reza por Juan XXIII, el "Papa bueno", padre de la renovación de la Iglesia en la década del 60, quien es festejado por cientos de italianos que llegaron de Bérgamo, en su región de nacimiento.

En la iglesia de Santiago y Monserrat, no muy lejos de San Pedro, se reúnen los centroamericanos, numerosos de ellos costarricenses que acompañan a Floribeth Mora, la mujer del milagro de Juan Pablo II.

La víspera, su portavoz por más de 20 años, el español Joaquín Navarro Valls, reconoció que el futuro santo polaco no entendió la magnitud del fenómeno de la pedofilia dentro de la Iglesia, un lunar de su largo pontificado (1978-2005).

“La santidad no quiere decir perfección”, advirtió el portavoz del Vaticano, padre Federico Lombardi, como respuesta a las críticas y dudas que ha generado la decisión de canonizar a Juan Pablo II tan sólo nueve años después de su muerte en 2005, convirtiéndose en la santificación más rápida de la historia de la Iglesia.

En tanto, vale recordar que Juan XXIII fue Papa sólo cinco años, desde 1958 hasta 1963, pero en ese breve período tuvo tiempo de convocar al Concilio Vaticano II que abrió la Iglesia al mundo. Sobre todo, dejó una imagen de sencillez y proximidad con la gente, “un poco como es Francisco hoy”, según el periódico francés católico La Croix.

El arzobispo Boccardo, miembro de la Congregación para los Santos, explica que “los milagros son la confirmación por el Cielo de un sentimiento popular”.

Los fieles creen en la santidad de un hombre y rezan su nombre para que les ayude; el milagro está reconocido cuando el cielo intercede a través de aquel santo en la vida del hombre de una forma extraordinaria.

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