Desde 2015 en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, INTA, se está gestando una revolución que promete derramar muchos beneficios: el uso de los drones en la viticultura.
Desde 2015 en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, INTA, se está gestando una revolución que promete derramar muchos beneficios: el uso de los drones en la viticultura.
Descubrir e investigar nuevos usos de esta tecnología para luego trasladarlos y compartirlos con productores y empresarios es parte de los objetivos que a diario persigue el ingeniero agrónomo Guillermo Federico Olmedo, investigador del laboratorio de Geomática de la Estación Experimental Mendoza del INTA.
-¿Desde cuándo están trabajando con drones?
-Desde 2015. Fue una colaboración con la Universidad de Talca, en Chile. Ellos llevan unos años más que nosotros, aproximadamente más de cuatro años. Nuestro equipo inició una capacitación en Chile y desde ese momento estamos tomando datos. Hemos trabajado diferentes diversos aspectos en 2016.
-Concretamente ¿en qué cultivo están aplicando esta tecnología?
-Por lo pronto solamente en viticultura. Si bien se podría trabajar en muchos cultivos, hoy por hoy estamos aplicando en viticultura tradicional con foco sobre el uso de agua en la planta para buscar más calidad.
-¿Qué le han agregado?
-Hemos incorporado un sensor extra térmico que permite tener una mejor idea sobre el estrés hídrico de la planta y tenerlo con ese nivel de detalle para manejar mejor este recurso natural. Es una tecnología que colabora con un uso mejor del agua, lo cual es muy bueno para la coyuntura actual.
-Además del estrés hídrico y un manejo más eficiente del agua ¿qué otros beneficios aporta esta tecnología?
-En los otros sensores que se pueden equipar pueden ofrecer información para un manejo diferente sobre las parcelas. Lo que nosotros podemos ampliar es sobre los diferentes tamaños de la parcela y con eso generar mapas y decir si hay una zona del viñedo que hay que manejarlo de una forma y otro de otra manera.
-¿Y cuál es el objetivo del INTA a la hora de instaurar esta tecnología en los viñedos?
-Nuestro rol es evaluar las tecnologías. Hay una gran demanda del medio de usar los drones ya que están bastante de moda. El rol concreto es evaluar si la tecnología sirve, cómo trabaja y luego transferir esas soluciones al medio. Generalmente empezamos con publicaciones científicas donde validamos con la comunidad científica los trabajamos que hacemos y luego de esa validación lo vamos bajando al medio. Esto lo hacemos a través de charlas, seminarios, y difusión en los medios de comunicación.
Hace unos pocos meses en una jornada de Neuquén había muchos viticultores de Mendoza y a ellos les mostramos toda esta tecnología. También tenemos encuentros con productores de La Consulta presentando toda esta tecnología de drones. Además siempre estamos atentos al teléfono para recibir consultas de los productores. En tanto, nos comunicamos con las empresas para elevar la efectividad de los drones y que respondan a las necesidades de los productores.
Las firmas que fabrican drones no están muy familiarizados con el campo, en tanto nosotros conocemos un poco de la tecnología y otro poco de la agricultura. Entonces trabajamos como una canal de comunicación entre ambos. Es positivo para el empresariado y para el productor.
Nosotros nos reforzamos con un canal científico tecnológico pero también de orientación y de guía. Además asumimos el rol que muchas veces no absorben los otros actores del medio: es demostrar que la tecnología funciona. Nosotros constantemente estamos usando la ultima tecnología y probándola en el campo. Experimentamos en nuestras propias parcelas y las mismas que el productor nos ofrece.
-¿Qué extensión de viñedos están monitoreados por drones?
-En drones nuestra parcela experimental está dentro del INTA y es donde trabajamos esa parcela se vuela con el drone una vez por semana en todo el ciclo productivo, lo cual es bastante intensivo. La estación experimental del INTA tiene más de 100 hectáreas, y en estudio con drones hay una parcela específica de malbec de 4 hectáreas. Tenemos otras variedades pero las que están en monitoreo por el drone son las de malbec.
-Del lado de las empresas esta tecnología ¿es del exterior?
-Nosotros trabajamos y tenemos contacto con el mercado chileno y algunas experiencias más experimentales en Mendoza. Pero desde más tiempo la tecnología de los drones está en Buenos Aires y Córdoba. En la provincia es una cuestión reciente el tema de drones pero desde ya hay dos o tres empresas estudiando el mercado.
El productor tiene que saber que si quiere utilizar este tipo de tecnología hay oferta en el mercado pero queremos acompañar este proceso con el conocimiento científico y tecnológico.
-De parte del productor ¿tiene que comprar el drone o alquilarlo?
-Los modelos que estamos viendo de negocios es a través de empresas. El manejo de drones es una tarea complicada. Lo que vemos es que ofrecen servicios integrales. Por ahí estamos viendo que algunas aplicaciones del drone como el manejo hídrico del viñedo sería interesante que posea el productor. Pero aún lo estamos experimentando.
Sí sabemos que muy probablemente se ofrecerá como un servicio integral. La empresa de servicios va a monitorear las tierras de los productores y ofrecer los datos estadísticos, todo en un servicio integral. La empresa vuela, toma los datos de la parcela, procesa la información y luego eso llega en forma al productor. Ahí tiene la información para tomar la decisión agronómica; ése es su rol que tiene que ver con las estrategias que debe asumir en su campo.
-Este tipo de servicio ¿qué costo tiene?
-Hoy por hoy no tenemos ese dato porque el mercado es bastante incipiente basado en una tecnología muy nueva. No hace más de uno o dos años que se hacen controles con drones en vitivinicultura. Es por eso que aún no está bien claro el costo.
Sin embargo, pensándolo en general, los drones van a tener un costo mayor que trabajar con aviones. Es una alternativa trabajar con aviones y va a ser más barato que trabajar con mediciones en terreno que se hace con cuatriciclos que es más costoso que el drone.
Pensamos que el costo del drone va a estar en algún lugar del medio entre los aviones que son más baratos y el sistema de medición de los cuatriciclos.
Las mismas empresas en Mendoza también están en experimentación evaluando el mercado pero nosotros desde el INTA no nos involucramos mucho en el medio. Solamente analizamos y compartimos los mejores usos que se pueden dar a esta herramienta tecnológica.
Perfil
Guillermo Federico Olmedo es ingeniero agrónomo. En la actualidad está realizando un doctorado de la Universidad Nacional de Cuyo y la Universidad de Talca en Chile.
En su trabajo del laboratorio de Geomática de la Estación Experimental Mendoza del INTA, no está solo sino que es coordinador de un equipo grande de profesionales compuesto por Roxana Vallone, Marcos Montoya, Victoria Munafó, Dante Ubó y Florencia Ferrari.
Toda su carrera profesional la ha construido en el INTA. Incluso antes de recibirse de ingeniero agrónomo ingresó a la entidad ya que había una alta demanda de perfiles profesionales que combinaran la tecnología ligada al agro.