Una manta de supervivencia cubre a mujeres y niños acurrucados en el puerto de la isla griega de Lesbos. Los servicios de rescate no tienen mucho más que ofrecer a los inmigrantes, cuyo flujo hacia Grecia va en aumento.
Una manta de supervivencia cubre a mujeres y niños acurrucados en el puerto de la isla griega de Lesbos. Los servicios de rescate no tienen mucho más que ofrecer a los inmigrantes, cuyo flujo hacia Grecia va en aumento.
“La situación es insostenible”, asegura Zoi Livaditou, de la Organización Internacional de Migraciones (OIM), que acoge cada mañana a grupos de migrantes tras su corta pero peligrosa travesía nocturna desde las costas turcas. “Tenemos alrededor de 200 llegadas diarias de media”, explica en esta gran isla del este del mar Egeo, cuya capital, Mitilene, tiene 36.000 habitantes.
Al puerto de Mitilene son trasladados los inmigrantes rescatados en el mar o que lograron llegar a la isla, desde la que Turquía es visible a simple vista.
El centro de detención y registro, abierto recientemente, está saturado pero dejar continuar a los inmigrantes su ruta hacia Atenas es sólo el último recurso.
“Nos fuimos a pie de Irán, puesto que allí los afganos como nosotros no tenemos pasaporte. Caminamos 20 horas casi sin agua ni comida hacia Turquía, algunos sufrieron heridas”, explica un inmigrante que acaba de llegar al puerto.
De 25 años, este afgano nacido en Irán, que dejó atrás a su madre y dos hermanos pequeños, pide que "le den una oportunidad para renacer".
Amarradas en el puerto por los guardacostas, las lanchas en las que viajan los migrantes se balancean con el oleaje.
Recién nacidos y sin papales
"Fue muy peligroso, el bote inflable estaba a rebosar, era de noche, había niños pequeños", explica Ismail Kadilá, de 37 años, un abogado kurdo que dejó la ciudad siria de Alepo, destruida por la guerra.
Kadilá acaba de desembarcar en el puerto ateniense de Pireo, tras haber pasado “dos días en un campo de Lesbos”. “Después nos dejaron marchar y compramos un billete para Atenas”, explica.
Su esposa y sus tres hijos se quedaron en Turquía. Junto a otras personas, espera “alquilar un apartamento gracias a un conocido sirio que ya se halla en Atenas” y quien, como centenares de inmigrantes en la capital, se dedica a arrendar habitaciones a los sin papeles.