Miles de personas desplazadas por la violencia en el norte de Irak se dirigían ayer a la región de Kurdistán, mientras los esfuerzos internacionales se intensificaban para frenar el avance de los yihadistas aportando armas a los combatientes kurdos.
Miles de personas desplazadas por la violencia en el norte de Irak se dirigían ayer a la región de Kurdistán, mientras los esfuerzos internacionales se intensificaban para frenar el avance de los yihadistas aportando armas a los combatientes kurdos.
En este contexto, el primer ministro saliente, Nuri al Maliki, volvió a la carga diciendo que no dejará el poder sin una decisión judicial del Tribunal Federal, después de que el presidente de la República encomendara a Haidar al Abadi la formación de un nuevo gobierno.
Estados Unidos continuó sus ataques aéreos contra posiciones yihadistas del Estado Islámico (EI) en las montañas Sinjar (norte), donde entre 20.000 y 30.000 personas, en su mayoría de la minoría kurdohablante y no musulmana de los yazidíes, están atrapados sin comida, agua y sin techo, según la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).
Cientos de miles de personas tuvieron que huir de sus hogares ante la ofensiva de los yihadistas del EI, que desde el 9 de junio han conquistado inmensos territorios del norte del país, casi sin resistencia del ejército.
La crisis humanitaria parece agravarse ante el avance yihadista a la región autónoma del Kurdistán, hacia donde seguían afluyendo miles de otros desplazados, tras haber escapado a través de Siria. Uno de ellos, Mahmud Bakr, de 45 años, contó que había dejado a su padre con muchos otros desplazados bloqueados en las montañas Sinjar. “La mayor parte son ancianos, no pueden caminar tanto”.
En el campo de Bajid Kandala, en el Kurdistán iraquí, una multitud de refugiados yazidíes "sin pan y con muy poca agua" pidieron más "ayuda" .
“Estuvimos cercados durante 10 días en las montañas. El mundo entero habla de nosotros, pero no recibimos ninguna ayuda real", lamentó Jodhr Husein, de 44 años.