El sangriento intento de golpe de Estado en Turquía causó sorpresa y conmoción mundial. Los enfrentamientos de anoche entre una parte de las fuerzas armadas del país y policías y militares leales el presidente Recep Tayyip Erdogan dejaron al menos 265 muertos.
El grupo organizado de rebeldes tenía como objetivo estratégico tomar las principales ciudades del país. Ankara, la capital, y Estambul, la metrópoli más relevante.
En esta última reside una joven mendocina que vivió el intento de golpe entre el desconcierto, el miedo y la angustia de no entender una palabra de las noticias que no paraban de mostrar una ciudad en guerra.
Hubo tiroteos ante cuarteles militares y dos importantes puentes en Estambul quedaron bloqueados por vehículos militares. Soldados respaldados por tanques cortaron el acceso al aeropuerto de Estambul durante varias horas antes de verse sobrepasados por multitudes partidarias del gobierno que ondeaban banderas turcas.
"Vivimos del lado asiático de Estambul, en una zona muy linda y tranquila. La elegimos porque no es turística y la empresa en la que trabaja mi marido nos recomendó instalarnos aquí, ya que no es un "blanco" para atentados", relató la mujer que prefirió preservar su identidad "para no preocupar más a su familia".
La pareja argentina-inglesa dejó su departamento para cenar en un restaurante sin saber que esa sería una de sus peores noche en el extranjero.
"Vayan a su casa. Los militares intentan tomar el poder".
“Terminamos de comer y cuando estábamos caminando a casa una pareja escucho que estábamos hablando en inglés (su marido es inglés). Se acercaron y nos dijeron ’les recomiendo que se vayan a su casa porque algo raro está pasando en Estambul. Los militares están tratando de tomar el poder’", relató la mendocina a Los Andes, que luego de escuchar la advertencia aceleró el paso sin saber el por qué.
“Nos fuimos a casa y prendimos la televisión para saber qué pasaba. La verdad que estuvimos muy asustados. A los pocos minutos, nos llamaron de la empresa de mi marido y nos dijeron que cerráramos las persianas y nos quedáramos adentro”, agregó.
A toda la incertidumbre se sumó la barrera idiomática: “Como nosotros no hablamos turco, hasta las 3 de la mañana estuvimos con llamados de compañeros de trabajo que nos iban traduciendo las noticias”.
La pareja obedeció y se encerraron en su departamento. Pero en las calles, el descontrol era tal que nada los hacía sentir seguros. "Escuchábamos bocinazos, gritos, helicópteros y ruidos que parecían tiros".
“Las noticias por la tele e internet eran bastante confusas. Incluso hasta hoy”, concluyó la mendocina que vivió en primera persona el sangriento intento de golpe de Estado.