Soledad Pastorutti y Jeremías Audoglio se conocieron cuando ambos estudiaban en la escuela secundaria nocturna de Arequito, Santa Fe. Ella atravesaba el comienzo de una carrera que pronto la llevaría por todo el país y él se convirtió en su compañero de vida. Después de nueve años de noviazgo, se casaron y formaron una familia junto a sus dos hijas.
La relación comenzó en una etapa de grandes cambios para la cantante. Soledad había dejado temporalmente el secundario para filmar La Edad del Sol y luego retomó sus estudios en el turno noche, mientras su carrera musical crecía rápidamente. Allí se hizo amiga de Jeremías y, cuando llegó el momento de continuar sus vidas en otros lugares, ambos entendieron que querían hacerlo juntos.
El encuentro en la escuela nocturna de Arequito
“Nos conocimos en el nocturno”, recordó Soledad al hablar sobre el comienzo de su historia con Jeremías. La cantante había decidido terminar el secundario en ese turno por los horarios que le demandaba su profesión. Él era uno de sus compañeros de estudio y, según contó, primero fueron amigos antes de comenzar una relación.
El vínculo tomó otra dimensión cuando terminaron la escuela. Jeremías tenía que irse a Rosario o a otra ciudad para continuar estudiando, mientras que Soledad ya comenzaba a pasar cada vez más tiempo fuera de Arequito por su carrera. “Nos dimos cuenta de que no queríamos separarnos”, contó la artista al recordar aquella decisión. Finalmente, comenzaron a salir en el año 2000, según su propio relato.
Nueve años de noviazgo antes de casarse
Durante el noviazgo, Jeremías acompañó el crecimiento profesional de Soledad, que pasó de los escenarios de su pueblo a convertirse en una de las figuras más reconocidas del folclore argentino. Cuando la cantante se instaló en Buenos Aires por sus compromisos laborales, él también se mudó con ella. La pareja atravesó así buena parte de esos primeros años compartiendo los cambios que implicaba la carrera de La Sole.
Después de nueve años de novios, llegó el casamiento. La ceremonia civil se realizó en abril de 2007 en Arequito y una semana después celebraron la unión religiosa en la Iglesia Nuestra Señora del Rosario. Para entonces, Jeremías ya era una pieza importante en la vida cotidiana de la cantante y también comenzó a acompañarla en sus giras.
Jeremías, su compañero también durante las giras
Con el paso de los años, la pareja encontró una manera particular de combinar la vida familiar con el trabajo de Soledad. Jeremías se involucró en las giras y llegó a ser quien manejaba durante los viajes de la cantante. Ella misma explicó que esa organización fue una de las formas que encontraron para sostener la relación mientras su carrera continuaba creciendo.
Soledad también describió sus personalidades como diferentes, pero complementarias. “Somos el agua y el aceite”, explicó en una entrevista, al señalar que ella es más impulsiva y Jeremías más pensante. Para la artista, esa diferencia termina ayudándolos a encontrar equilibrio tanto como pareja como en la crianza de sus hijas.
Antonia y Regina, las hijas de la pareja
La familia se amplió en junio de 2010 con el nacimiento de Antonia, la primera hija de Soledad y Jeremías. Tres años después, en febrero de 2013, llegó Regina. Desde entonces, las dos acompañaron buena parte de la vida profesional de su mamá y fueron incorporándose a los viajes y las giras familiares.
La maternidad también modificó la manera en que Soledad organizó su carrera. La cantante contó que decidió que sus hijas viajaran con ella y que, cuando eran pequeñas, podían estar detrás de escena o esperando a pocos metros del escenario. Con Jeremías, además, construyó una dinámica familiar que mantiene hasta la actualidad, con una vida ligada a Arequito y a los compromisos musicales de La Sole.