Javier Dellamaggiore lleva casi cinco décadas frente a un micrófono y buena parte de esa historia está ligada a la radio mendocina. Nació en Arroyo Cabral, Córdoba, y comenzó su carrera en diciembre de 1976, en Radio Villa María. Después pasó por LV16 Radio Río Cuarto y, en octubre de 1984, llegó a Mendoza por un trabajo que iba a durar apenas un mes. Se quedó y construyó aquí una trayectoria que lo convirtió en una de las voces más reconocidas de la provincia.
Desde 1990 conduce Hora Libre, en Radio Nihuil, un ciclo que atravesó distintas etapas. Ya había ganado un Martín Fierro en 2006 y ahora volvió a recibir la distinción, esta vez por su labor en conducción masculina. A los 68 años, con 50 de radio y 40 en Nihuil, celebra el reconocimiento sin ocultar sus opiniones sobre el presente y el futuro del medio.
—Por supuesto que lo tomé muy bien. Me puso muy contento porque, después de tantos años de trayectoria, recibir un reconocimiento de estas características es un mimo muy lindo. Para mí fue una noche soñada la del sábado. Ya había ganado un Martín Fierro en 2006. Fui nominado varias veces, pero recién ahora pude repetir el premio. En los últimos cuatro premios, entre Catamarca, Mendoza y Tucumán, estuve nominado en tres consecutivos, pero no se daba. Venía fracasando con todo éxito, hasta que finalmente se dio. Así que eso también me puso muy contento.
—Además de ser un mimo, supongo que representa una confirmación de tu trabajo como conductor. ¿Lo vivís también de esa manera?
—La verdad que sí. Lo tomo como un reconocimiento. Es un casillero que quería llenar, porque tengo el reconocimiento de la gente. Yo no tengo haters: normalmente recibo mucho cariño por parte de los oyentes. Pero a cualquiera le gusta tener un reconocimiento nacional de estas características. No es que trabajara pensando en eso, pero cada vez que me nominaban decía: «Bueno, esta será la oportunidad». Después perdía y me enojaba un poco, hasta que finalmente pasó lo que pasó el sábado.
Es una certificación de que estás haciendo bien las cosas. Pero hay algo que quizás sea incluso más importante que la propia estatuilla: desde la noche del sábado que gané el Martín Fierro hasta hoy recibí miles de mensajes, todos cariñosos. Absolutamente nadie estuvo en contra de que yo haya ganado el premio. Entonces, ese reconocimiento de la gente, de quienes tenés a diario del otro lado de la radio, es quizás un premio todavía más importante.
—De alguna manera, este reconocimiento también está ligado a la trayectoria de Hora Libre. ¿Cuántos años llevás al frente del programa?
—Soy conductor de Hora Libre desde 1990, así que es un montón. Todos mis números son grandes. Yo soy grande, tengo 68 años, pero además llevo 50 años en la radio y 40 en Nihuil. Como conductor de Hora Libre estoy desde 1990, aunque tuve un parate en 2010. Así que, sumando las dos etapas, son muchísimos años, muchísima gente que trabajó conmigo y un largo recorrido.
Por supuesto que siempre comparto los reconocimientos con el equipo, porque solo no se pueden hacer las cosas. Tengo un grupo de gente que me acompaña, que entiende lo que quiero hacer. Sin su apoyo y su trabajo no sería posible.
—Después de tantos años en la radio, ¿cómo sentís que cambió el medio? ¿Cómo ves la situación actual frente a las nuevas formas de comunicación que impone la tecnología, como el streaming y las redes sociales?
—Mirá, la radio tiene matices nuevos, pero va siempre más o menos por el mismo carril. Por supuesto que se fue acomodando a las nuevas formas de comunicación. Quizás nos ablandamos un poco: ya no somos tan ceremoniosos en el relato al aire. En ese sentido, la radio se flexibilizó. Ante la llegada de los nuevos productos, yo soy un convencido de que la radio es el germen de todos los demás. Si analizás lo que hacen, por ejemplo, en los programas de televisión de la mañana, básicamente es un programa de radio que sale por televisión. Si analizás un streaming, también es un programa de radio, aunque sin tantos códigos de prudencia. Ahí podés decir lo que se te dé la santísima gana. Además, el público es más chico, pero en el fondo sigue siendo un programa de radio.
Por eso, quienes estamos dentro de un estudio de radio somos testigos de que la radio está más viva que nunca. Es la raíz de todos los otros medios, aunque suene grandilocuente decirlo.
—¿Y qué pensás de esta tendencia de las radios de incorporar cámaras para transmitir también por YouTube?
—La radio incorporó últimamente cámaras, como una especie de falso streaming. Yo estoy en contra de eso. No sé si en contra, quizás sea una postura de viejo, pero siento que le quita la magia a la radio. Nosotros seguimos haciendo un producto de radio, aunque la gente pueda verlo por YouTube. La radio tiene esa magia de que el oyente imagine cualquier cosa, de que escuche desde un receptor sin estar viéndote.
—En algún momento comentaste que estabas pensando en jubilarte. ¿Este premio te impulsa a postergar esa decisión?
—Mirá, yo ya estoy jubilado desde hace un par de años. Siempre decía: «Bueno, cuando me jubile, me voy». Pero es difícil dejar la radio. Buena parte de mi vida transcurrió dentro de un estudio, así que es complicado soltar. Cada vez que llega fin de año, o cuando estamos a esta altura del partido, me preguntan qué voy a hacer, si me voy o me quedo. Y bueno, negocio y me quedo. Después del Martín Fierro, medio en broma y medio en serio, lo dije incluso al aire: «Antes pensaba en irme. Ahora que gané el Martín Fierro, no me voy a ir. Me van a tener que empujar por la puerta para que me vaya».
—Volviendo al Martín Fierro, en los últimos años se multiplicaron las categorías y también las entregas de premios. ¿Cómo interpretás esa situación?
—A mí me parece que ya hay un exceso de premiaciones. También suelo enojarme con la gente de APTRA por las diferencias que existen en cuanto a la calidad de las fiestas. Vemos la ceremonia de Buenos Aires, que se hace en el Hilton, a toda marcha. Ahora no me puedo quejar: lo de San Luis estuvo muy bien, el lugar era bonito, la comida estuvo bien, todo bien. Pero siempre hay una diferencia entre el premio nacional y el del interior, o federal, como lo han llamado ahora. Creo que habría que hacer una distinción entre televisión nacional y televisión del interior. Un canal de acá no puede competir con Canal 13. Del mismo modo, yo no puedo competir con Mitre de Buenos Aires. No hay forma. Habría que tener una categoría para Buenos Aires y otra para el interior, prestando especial atención a las categorías, porque hay algunas que no están y que merecerían estar. El caso del movilero, por ejemplo: nosotros no tenemos esa categoría. Creo que el premio debería aggiornarse, por buscar una palabra elegante. No reniego del Martín Fierro, para nada.
Te lo digo desde la experiencia: desde 2005 estoy yendo a los Martín Fierro. Algunas veces las ceremonias fueron mejores y otras dieron vergüenza ajena. Pasaron cosas que uno se pregunta cómo pueden estar ocurriendo. A veces no puede ser que la fiesta se haga en determinado lugar o que se modifique una terna a último momento.
Soy bastante crítico del asunto, aunque eso no significa que no valore el premio. Estoy feliz de haberlo recibido, pero creo que, en su estructura para el interior, hay cosas que son revisables.