12 de agosto de 2026 - 16:53

El Flaco Pailos vuelve a Mendoza con su Sinfónico: "El mendocino te quiere o te fleta"

El humorista presenta “El Flaco Pailos Sinfónico” junto a La Camerata Córdoba, con funciones en Tunuyán y el Teatro Mendoza.

El humor, los personajes y las historias de Fernando “Flaco” Pailos vuelven a Mendoza, esta vez atravesados por violines, piano, viola, violonchelo y contrabajo. El comediante cordobés regresa con “El Flaco Pailos Sinfónico”, una propuesta que comparte escenario con La Camerata Córdoba.

Luego de agotar su presentación mendocina en 2025, el espectáculo tendrá dos nuevas funciones en la provincia: el viernes 21 de agosto, a las 21.30, en el Auditorio Jorge R. Silvano de Tunuyán, y el sábado 22, a las 21.30, en el Teatro Mendoza.

La propuesta nació de una inquietud que Pailos arrastraba desde hacía tiempo: llevar al humor hacia un formato sinfónico. Así construyó un espectáculo en el que la música no funciona solamente como acompañamiento, sino que se incorpora al relato, interviene en los remates y se adapta a una dinámica en la que cada función puede tomar un camino diferente.

Música clásica, folklore, canciones de The Beatles, bandas sonoras y hasta cuarteto aparecen en escena mientras Pailos despliega historias, personajes y sketches. Y esa convivencia también abre espacio para la improvisación: algunos momentos nacidos espontáneamente durante una función terminaron incluso incorporándose al espectáculo.

El Flaco Pailos, entre la música y el humor

A más de tres décadas de haber hecho del humor su oficio, Pailos asegura conservar la esencia del comediante que comenzó contando chistes, aunque reconoce que aprendió a transformar su mirada y adaptarse a nuevos lenguajes. Antes de volver a Mendoza, conversó con Los Andes sobre el nacimiento de Sinfónico, la complicidad con los músicos, el desafío de seguir haciendo reír y el vínculo que construyó durante más de veinte años con el público mendocino.

“El Flaco Pailos Sinfónico” parte de una combinación bastante inesperada: humor cordobés y música clásica. ¿Cómo apareció la idea y en qué momento entendiste que esos dos universos podían funcionar juntos?

—Me acuerdo de que fui la primera vez a ver a Cerati al Teatro San Martín, con la Orquesta Sinfónica, y me pareció fantástico. Después aparecieron otros artistas, también a nivel internacional, que hacían sinfónicos. Acá en Córdoba hasta los cuartetos hicieron presentaciones con la Sinfónica; Piñón Fijo, con la Sinfónica Juvenil también. Dije: “Bueno, le toca al humor, me toca a mí”.

Hablé con los chicos de La Camerata Córdoba, les propuse esto y dijeron que sí. Yo los conocía de eventos y algunos habían trabajado conmigo; además, la mayoría toca en la Sinfónica. Siempre pensé que los dos universos podían juntarse. No solamente hacemos música clásica mezclada con humor, sino que también hay folklore, un homenaje a The Beatles, música de películas y muchos personajes que se van musicalizando con la Camerata Córdoba.

La Camerata Córdoba se convierte en parte activa de los relatos, personajes y remates de “El Flaco Pailos Sinfónico”.

La Camerata Córdoba se convierte en parte activa de los relatos, personajes y remates de “El Flaco Pailos Sinfónico”.

¿Qué cambia en tu manera de hacer humor cuando detrás de un remate tenés una formación como La Camerata Córdoba? ¿La música acompaña las rutinas o también interviene en la construcción del chiste?

—Trato de no cambiar la forma de hacer humor, porque a la gente que me consume hace mucho tiempo le gusta ver al Flaco Pailos contando chistes. Pero hago cambios de vestuario y construimos distintas historias.

Por ejemplo, hacemos una historia de piratas con el capitán Jack Sparrow y aparece la música de Piratas del Caribe. Cuento que con un grupo de amigos nos colamos en un casamiento y aparece la música del casamiento. Está la historia de Cenicienta y, cuando entra al palacio y baila con el príncipe, suena un vals. Cuando hacemos una historia épica del castillo de Camelot, aparece música de esa época.

En la primera parte hago un violinista que llega tarde, medio borracho, y una pieza de Mozart se convierte en un cuarteto. Todo se conjuga, somos uno en ese momento, porque ellos van metiendo la música a medida que van pasando las historias.

También tenemos en cuenta las risas y los aplausos. Muchas veces hago un remate, la gente se ríe, ellos esperan y después arranca la música. Otras veces la música aparece antes del chiste o forma parte directamente del chiste. En el segmento de The Beatles, por ejemplo, va sonando Let It Be de fondo. Todo se va combinando.

En un espectáculo con músicos y arreglos previamente trabajados, ¿cuánto espacio queda para la improvisación?

—Siempre hay improvisación porque ellos me conocen a mí y porque todas las funciones son distintas. El año pasado estábamos en San Juan y alguien del público me gritó algo; no escuché si me dijo que contara algo de The Beatles o que cantara algo de The Beatles. Entonces empecé a contar un cuento de dos tipos que se emborrachan y los convertí en Lennon y McCartney. El chiste tiene su remate y, de fondo, ellos fueron tocando música de The Beatles.

Hay cosas que nacen así, como improvisación, y después decimos: “Uy, qué bueno que está, quedó bueno”, y las implementamos. También hacemos una parodia del Chaqueño Palavecino. Entre canciones y chacareras que tocan los chicos, yo estoy con la guitarra y voy contando historias y chistes.

¿Los músicos también terminan participando de esas improvisaciones y convirtiéndose en parte del humor?

—Por supuesto. Yo hago una parte de un chiste de un caballo y uno de los chicos hace con el violín el sonido del caballo, que sale fantástico. Cuando Cenicienta va en la carreta al palacio, tres de los músicos hacen con sus instrumentos el sonido de los caballos mientras los otros siguen tocando.

Una vez uno hizo como un auto de Fórmula 1 y empezamos a bromear con Colapinto. Se han producido cosas espectaculares en estos shows. Algunas improvisaciones quedan en el espectáculo y otras se hacen una vez y después nos olvidamos de qué pasó.

El espectáculo vuelve a Mendoza después de una presentación agotada en 2025. ¿Qué encontrás particularmente en el público mendocino?

—Cuando fuimos a Mendoza el año pasado y se llenó el teatro fue espectacular. Recibí muchísimos mensajes en las redes.

Y me acuerdo de una: los chicos habían preparado algo y no me habían dicho nada. Yo improvisé un chiste hablando “en mendocino” y empezaron a tocar de fondo Otoño en Mendoza. Son músicos con mucha experiencia; la mayoría toca en la Sinfónica y en la Filarmónica de Córdoba.

Hay una parte en la que supuestamente tienen que afinar y empiezan a tocar Viva la Vida, de Coldplay. Dura un minuto y medio, lo hacen fantástico y a la gente le encanta.

Para mí, el público mendocino es uno de los más exigentes que hay en Argentina. Yo siempre digo que el mendocino te quiere o te fleta. Y a mí me aceptaron. Hace más de veinte años que voy y me acompañan. Yo también respeto al público: hago espectáculos nuevos y todos los años trato de llevar algo diferente.

Llevás muchos años haciendo humor y atravesaste épocas muy distintas. ¿Sentís que cambió aquello que hace reír a la gente?

—El humor fue mutando de muchas formas y principalmente hay temas sobre los que antes uno podía contar un chiste y ahora no.

A mí me sirvió mucho que mi esposa es psicóloga y tengo una hija que ahora tiene 25 años. Ella a veces me dice: “Papá, ¿cómo podés contar este chiste?”. Y lo analizábamos con mi mujer. Como soy un tipo muy abierto, dije: “No, esta historia no la tengo que contar más porque puede ofender a la gente”.

Se puede hacer humor con un montón de cosas, como en este caso con una orquesta y haciendo un espectáculo para todo público. Quizás escuchan una pieza de música clásica que conocían de la radio, la televisión o una película y descubren que es de Beethoven o de Mozart.

Yo fui cambiando, aggiornándome a lo que me va pidiendo el público y a lo que siento en el público. He recibido críticas algunas veces y voy cambiando. Me voy aggiornando, no tengo problema con eso.

Tus personajes y relatos siempre tuvieron mucho de observación de la vida cotidiana. ¿Seguís encontrando material en los mismos lugares?

—Siempre sale un personaje de la vida cotidiana. Imaginate que acá en Córdoba todos somos humoristas. El lugar donde más nervioso me pongo para actuar es Córdoba porque, si hay 200 personas en el teatro, esos 200 son chistosos porque son cordobeses.

Siempre tengo material de la vida cotidiana. En algunos shows que ya llevé a Mendoza, como El bufón del pueblo, cuento muchas historias en un formato más de stand-up que me han pasado a mí: mi infancia, mi adolescencia, cuando iba a bailar. Siempre surge algún personaje que metemos en esos chistes.

Córdoba es una fuente inagotable para crear esas cosas. Y mucha gente se acerca y me cuenta historias y anécdotas; yo las modifico y después las cuento como si fueran mías.

Con más de 35 años dedicados al humor, el artista cordobés sostiene que conserva su esencia mientras continúa explorando nuevos formatos.

Con más de 35 años dedicados al humor, el artista cordobés sostiene que conserva su esencia mientras continúa explorando nuevos formatos.

Si mirás al Pailos que comenzó a hacer humor y al que hoy se sube al escenario acompañado por una Camerata, ¿qué conserva aquel comediante y qué cambió?

—Ha pasado mucho tiempo. Llevo más de 35 años arriba del escenario haciendo humor. A eso le sumo unos diez como músico, así que son más de 40 años sobre un escenario.

Creo que conservo el mismo palo de siempre. Por ahí soy una catarata, una ametralladora de chistes; por ahí cuento una historia larga. Y estas historias largas que hay en este show yo me he sabido aggiornar a la Camerata y a la música que hacen ellos. Ellos también se han sabido aggiornar a mi forma de hacer humor.

Son todos de una generación que ha escuchado mucho al Flaco Pailos, y sus padres también han escuchado al Flaco Pailos. Ya tengo tres generaciones.

Creo que conservo al comediante de siempre. Puedo cambiar, como lo hice alguna vez con un formato más de stand-up, pero siempre conservando al tipo que cuenta chistes. En este caso, combinándolo con la música y respetando la música.

Sigo siendo el mismo Flaco Pailos de siempre, que sabe aggiornarse al espectáculo que está haciendo en ese momento. Me gusta hacer eso. Los desafíos me encantan.

Cuándo y dónde ver “El Flaco Pailos Sinfónico” en Mendoza

La primera presentación será el viernes 21 de agosto, a las 21.30, en el Auditorio Jorge R. Silvano de Tunuyán, con entrada general a $40.000.

La segunda función será el sábado 22 de agosto, a las 21.30, en el Teatro Mendoza. Las localidades tienen valores de $40.000 para Platea Baja, $42.000 para Palcos Bajos, $37.000 para Platea Alta, $38.000 para Palcos Altos y $35.000 para Pullman.

Las entradas están disponibles a través de EntradaWeb y, para la función de Tunuyán, también en la boletería del Auditorio.

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