29 de agosto de 2026 - 11:23

Don Osvaldo volvió a Mendoza: 135 minutos de rocanroles para entender el ritual del Pato Fontanet

La banda de Patricio Santos Fontanet presentó Zona Liberada ante un Arena Maipú colmado. Mas de dos horas de pogo, canciones coreadas y una liturgia que se transmite de generación en generación.

Toca el Pato y hay ritual.

Don Osvaldo volvió a Mendoza y, una vez más, puso en movimiento a esa comunidad fiel que lo sigue, lo espera y le responde cada vez que la banda pisa suelo cuyano.

Rock chabón, barrial, rolinga. Desde que aquellos grupos de amigos comenzaron a salir de los garajes, se intentó etiquetar un estilo que terminó marcando una época y una forma particular de entender el rock argentino. Don Osvaldo quedó, tal vez sin buscarlo, como una de las bandas emblemáticas de ese rocanrol y también como una de las propuestas más convocantes de la escena nacional: una banda capaz de conservar el pulso de la calle mientras sostiene una masividad que pocas formaciones alcanzan.

Patricio Santos Fontanet comandó la presentación de Zona Liberada ante un Arena Maipú efervescente, que desde temprano mostró un intenso movimiento en sus alrededores. Las largas y variopintas previas forman parte inseparable del ritual: el viaje, la juntada, la remera, la cerveza, las canciones y esa espera colectiva que comienza mucho antes de que las luces del escenario se apaguen.

Con Don Osvaldo, el show no empieza con el primer acorde.

La fidelidad de su público no es una novedad. Tampoco lo es el contagio por herencia: esa pasión que se transmite de padres a hijos y que puede verse en las nuevas generaciones que hoy ocupan los mismos espacios que, décadas atrás, cobijaron la rebeldía adolescente de quienes ahora los acompañan en una misma pasión.

Hay algo profundamente generacional en Don Osvaldo, pero también algo que se renueva cada vez que Fontanet aparece frente a un micrófono.

Allí donde se anuncia una fecha de Don Osvaldo se activa una comunidad que excede largamente la lógica. Hay viajes desde otras ciudades, rituales compartidos, canciones convertidas en consignas y un vínculo con su cantante construido durante años, atravesado también por algunos de los capítulos más complejos y dolorosos de la historia reciente del rock argentino.

135 minutos de rocanroles frenéticos

Con apenas 11 minutos de demora respecto del horario anunciado, a las 21.11, Don Osvaldo subió al escenario.

“Sin rencor, sin odio de alimento”, cantó el Pato y estalló el público que había colmado el Arena Maipú. “Alma” abrió el nuevo ritual callejero y le siguieron, sin descanso, “Políticamente correctos”, “Tanto de todo”, “El nudo”, “El rato”...

El show fue ganando intensidad con el correr de las canciones. La novena en la lista fue “La llave, uno de los primeros puntos de inflexión de un viaje hacia las entrañas de un rocanrol con una identidad tan marcada como reconocible.

“El Pato es familia: son mis amigos, mi adolescencia. Venir a un recital es juntar amistad, música y buenos momentos”. La frase pertenece a un joven que se tomó un viaje en colectivo, sin escalas, desde Buenos Aires hasta Maipú para volver a encontrarse con Don Osvaldo.

La escena sirve para explicar buena parte de lo que ocurre alrededor de la banda. Si bien el grueso del público podría ubicarse entre los primeros millennials, aquellos que hoy rondan los 40 años, también fue evidente el recambio generacional.

Hay, al menos, tres motores detrás de ese fenómeno: el paso de padres a hijos, internet como herramienta de difusión y, por supuesto, las letras de Fontanet, cargadas de referencias y emociones capaces de encontrar nuevos interlocutores.

“Es la primera vez que vengo. No lo empecé a escuchar hace mucho, pero la verdad es que me hablaron mucho de estos recitales y acá estoy. Vengo con la expectativa de vivir una fiesta”, contó un adolescente que llegó al Arena Maipú acompañado y, de algún modo, “apadrinado” por un grupo de rolingas veteranos.

“Lo que se dice y lo que se hace”, “Una nueva noche fría”, “Algo peor, algo mejor”, “Armar de nuevo”, “O no”, “Otro viento mejor”, “Si me cansé”. Así, en ese orden y con la intensidad en aumento, siguió el recorrido de Don Osvaldo.

“Literalmente, el Pato es mi vida. Tengo 35 años y lo sigo desde los 11. Donde él estuvo, yo estuve. Y en todo ese recorrido conocí a mis grandes amigos, que por suerte todavía sigo compartiendo”, reconoció otra fanática.

“Es la banda que me cambió el corazón, personalmente y políticamente”, resumió un seguidor que llegó desde San Rafael.

Fontanet y el mensaje político

La política también tuvo su momento durante la noche. Fontanet volvió a cuestionar al gobierno de Javier Milei en Maipú. “Con los problemas económicos que hay, es un placer que hayan pagado una entrada para venir a vernos”, dijo durante la primera parte del show.

Más tarde, ya cerca del final, extendió el mensaje: “Habría que hacer un curso para entender los ajustes, los recortes, la falta de trabajo. Desde el año 75 que no se veía algo así”.

El discurso generó cantos contra Milei entre el público, que rápidamente fueron interrumpidos por los primeros acordes de “Rotos y descosidos”. Don Osvaldo ya llevaba casi dos horas sobre el escenario y el público no aflojaba.

Siguieron “Los invisibles”, “Misterios”, “9 de julio” y “Prohibido”, una seguidilla de canciones que preparó el terreno para el tramo final. Entonces llegaron “Creo” y “Suerte”, los dos temas que probablemente concentraron los pogos más intensos de la noche.

Fueron 135 minutos de intensidad, de cuerpos saltando, gargantas afónicas y canciones compartidas por distintas generaciones. Un auditorio exhausto, pero feliz, se quedó hasta el último acorde.

Y en Mendoza, una vez más, tocó el Pato. Y hubo ritual.

Homenajes entre canciones

La noche también tuvo espacio para la memoria y los homenajes. En medio del repertorio, Fontanet recordó a Carlos “El Indio” Solari y a Rubén “Negro” Rada, dos figuras fundamentales de la música popular rioplatense.

El reconocimiento al Indio, una referencia inevitable para varias generaciones del rock argentino, encontró una respuesta inmediata en el público. Lo mismo ocurrió con el homenaje al Negro Rada, cuya obra excede las fronteras del rock para internarse en el candombe, el funk y la música popular uruguaya.

Don Osvaldo, entre el presente y la memoria

En tiempos de streaming y redes sociales, Don Osvaldo se planta en sentido contrario. Sus recitales son presente, pero también memoria. Son experiencia compartida y, al mismo tiempo, documentos de una historia que todavía se sigue escribiendo.

El concierto en Mendoza formó parte de la gira de presentación de Zona Liberada, el más reciente material audiovisual de la banda. Publicado en 2025, el DVD funciona como un documento de la potencia escénica que Don Osvaldo construyó a lo largo de su recorrido y reúne registros de diferentes presentaciones realizadas en el país.

La banda que llegó a Mendoza está integrada por Patricio Santos Fontanet, en voz y coros; Álvaro Puentes y Gastón Videla, en guitarras; Christian Torrejón, en bajo; Luis Lamas, en batería; Juan Falcone, en percusión; Gabriel Gerez, en piano, teclados y coros; y Enzo Sánchez y Leopoldo Janin, en saxos.

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