Ailuz Celeste eligió alejarse de la vida urbana y encontró en las sierras de Córdoba un lugar donde construir un proyecto propio. Junto a Jerónimo “Momo” Weich, hijo de Julián Weich, se instaló en Los Hornillos y levantó una casa de barro pensada para convivir con el entorno. La vivienda tiene 56 metros cuadrados y fue construida durante tres años y medio.
La decisión de mudarse estuvo vinculada con una búsqueda personal que comenzó después de un viaje a Traslasierra. Ailuz contó que, luego de terminar la secundaria, recorrió la zona con una amiga y sintió que ese lugar podía convertirse en su hogar. Con el tiempo, esa sensación se transformó en un proyecto de vida ligado a la naturaleza y la bioconstrucción.
El viaje que llevó a Ailuz a encontrar su lugar en Córdoba
Antes de instalarse definitivamente en Traslasierra, Ailuz atravesó un proceso de cambio en el que no tenía completamente definido qué iba a hacer ni cómo iba a sostenerse económicamente. La joven explicó que tomó la decisión guiándose por una sensación personal y que, después de superar los primeros miedos, las cosas comenzaron a acomodarse. Su vínculo con Córdoba había empezado durante un viaje que realizó después de terminar la escuela.
En aquella visita recorrió distintos lugares de Traslasierra y sintió una conexión especial con la zona. Tiempo después regresó y comenzó a recorrer terrenos en busca de un espacio donde desarrollar un proyecto comunitario. Finalmente encontró un lugar que le produjo una sensación de pertenencia y decidió avanzar con la idea de quedarse.
Una casa de barro construida con técnicas naturales
La vivienda que comparte con Jerónimo está ubicada en la zona de Los Hornillos y fue levantada utilizando técnicas de bioconstrucción. La pareja trabajó durante tres años y medio para completar una casa de 56 metros cuadrados, distribuida en dos plantas. La construcción utiliza principalmente materiales naturales y busca aprovechar las condiciones del lugar.
La técnica elegida es la quincha, con paredes rellenas principalmente de paja aliviada y un espesor de alrededor de 30 centímetros. La vivienda también cuenta con aislación en las paredes y el techo, mientras que su orientación hacia el norte permite aprovechar mejor el ingreso del sol durante el invierno.
Ventanales, madera y un diseño pensado para el entorno
La casa tiene pisos de madera y grandes ventanales de doble vidrio, elegidos para mejorar el comportamiento térmico del interior y mantener una conexión permanente con el paisaje. Los tonos tierra también forman parte de la estética de la vivienda, que mantiene una apariencia sencilla y vinculada con los materiales utilizados en su construcción.
El diseño incorpora principios de bioclimatismo para aprovechar las condiciones naturales del terreno. La orientación, la aislación y los materiales fueron pensados en conjunto para favorecer el confort dentro de la casa sin perder la relación visual con el espacio verde que la rodea.
Un baño seco y una nueva forma de vivir
Uno de los detalles más particulares de la vivienda es el baño seco. El sistema permite utilizar un inodoro que no necesita agua, aunque la pareja decidió incorporar un bidé. Ailuz explicó que al principio puede resultar diferente para quienes no están acostumbrados, pero aseguró que con el tiempo se convierte en parte de la rutina cotidiana.
Imágenes del proceso de la casa.
La elección de este sistema forma parte de una manera de vivir que busca reducir el consumo de recursos y aprovechar alternativas vinculadas con la sustentabilidad. La pareja también construyó Casa Pavoreal, un espacio que utilizan para acompañar a personas interesadas en aprender técnicas de bioconstrucción. Ailuz, además, trabaja en este ámbito y realiza tareas de terminación, revoque y pintura.