No es sólo un problema de castores, mosquitos o de algas microscópicas. Datos recientesmuestran que en Argentina hay casi 700 especies exóticas invasoras, es decir organismos que no son originarios del país pero que llegaron, se establecieron y colonizaron ambientes naturales o seminaturales, donde desplazan a las especies nativas.
Esto altera la composición y el funcionamiento de los ecosistemas y reduce su riqueza biológica. Pero también afecta la producción global y las economías regionales al bajar la calidad de las pasturas que se usan para forraje, disminuir la disponibilidad de agua subterránea, aumentar la frecuencia e intensidad de los incendios e incluso condicionar la producción de energía hidroeléctrica.
Sergio Zalba es investigador independiente del Conicet, trabaja en el Grupo de Estudios en Conservación y Manejo del Departamento de Biología, Bioquímica y Farmacia de la Universidad Nacional del Sur, y es además consultor especialista del proyecto 'Estrategia Nacional sobre Especies Exóticas Invasoras'. De acuerdo con el especialista, las estrategias de prevención, detección temprana y control resultan clave para limitar el impacto de las invasiones biológicas.
“Mover especies de un lugar a otro afecta el medioambiente, la economía e incluso la salud. Por ejemplo el mosquito Aedes aegypti es originario de África y, junto con él, importamos un conjunto de nuevas enfermedades, incluyendo el dengue. El estornino es un ave que afecta la diversidad pero también la producción agrícola, y por lo tanto genera pérdidas económicas. Estas especies requieren estrategias efectivas de control para minimizar su impacto. Muchas otras potencialmente dañinas aún no han sido introducidas a nuestro país y ahí entra en juego la prevención, que es la estrategia más efectiva a largo plazo para enfrentar este desafío”, agrega.
Los datos más actualizados, organizados en el Sistema Nacional de Información sobre Especies Exóticas Invasoras, muestran que son cerca de 700 y abarcan una enorme diversidad de organismos, desde algas microscópicas y vertebrados acuáticos y terrestres hasta árboles y pastos.
No se conoce con precisión la distribución de muchas de ellas. Algunas están contenidas en regiones más limitadas, como en el caso del castor, en Tierra del Fuego; mientras que otras ocupan áreas mucho más extensas.
En cualquier caso, el proceso de invasión es dinámico y, una vez establecidas, las especies muestran una tendencia natural a ocupar todos los ambientes que sean aptos para cumplir sus requerimientos ecológicos. Por ello, la detección temprana, la contención y el control precoz son herramientas de alto valor para reducir su impacto.
“Estamos hablando de un proceso esencialmente natural que operó a lo largo de toda la historia biológica del planeta. Los organismos tienen diferentes capacidades de desplazamiento autónomo: algunos se pueden mover más, otros menos”, dice el investigador.
Agrega: “Históricamente sus desplazamientos estuvieron limitados por barreras naturales, como cadenas de montañas, océanos o desiertos, que definieron conjuntos de organismos que evolucionaron separados unos de otros. Eso es lo que históricamente se llamó 'dominios biológicos'. Pero la actividad humana, particularmente en las últimas décadas, aceleró la tasa de movimiento de organismos entre ambientes naturales y permitió que las especies superaran barreras que no habrían podido atravesar por sus propios medios”.
Lobesia, una plaga importada
Lobesia Botrana es una plaga que estuvo ausente en Sudamérica hasta 2008, cuando el Servicio Agrícola Ganadero (SAG) de Chile detectó su presencia en su territorio. Por tal motivo el Senasa declaró el alerta fitosanitaria e implementó una serie de medidas de prevención a partir de la Resolución Senasa Nº 362/09 que establece, entre otras, la denuncia obligatoria de la presencia de la plaga.
Según Senasa, produce daños directos provocando pérdidas en los volúmenes de producción, menor rendimiento por planta, afectando además la calidad de la fruta tanto para consumo en fresco como para vinificación.
Transportadas por el hombre
Según un reporte del Conicet la capacidad del hombre de transportar, de manera voluntaria o accidental, especies de un lugar a otro, reacomodó su distribución a nivel global.
“El problema es justamente ése: mover organismos de un lugar a otro en tiempos que, en términos evolutivos, son instantáneos y a una tasa sin precedentes. La aceleración de este proceso de introducción fue estimada para Hawai. Este archipiélago de origen volcánico se ubica en medio del Océano Pacífico y permaneció libre de la presencia humana hasta hace poco más de mil años”, señala el científico.