Las elecciones en Galicia, donde el Partido Popular (PP) de Mariano Rajoy reforzó su mayoría absoluta, y en el País Vasco, reconquistado por nacionalistas y separatistas, dejaron a la deriva al Partido Socialista Obrero Español (PSOE).
Las elecciones en Galicia, donde el Partido Popular (PP) de Mariano Rajoy reforzó su mayoría absoluta, y en el País Vasco, reconquistado por nacionalistas y separatistas, dejaron a la deriva al Partido Socialista Obrero Español (PSOE).
Pese al malestar por el ajuste, con España aún al borde del precipicio financiero, los ciudadanos no ven como alternativa al centenario partido de Pablo Iglesias, Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero.
El día después del descalabro de los socialistas en ambos territorios históricos, la cúpula del partido se reunió en su sede central de la calle Ferraz de Madrid para hacer balance y cerró filas en torno a su máximo líder, Alfredo Pérez Rubalcaba.
"El partido hará todos los cambios que sean necesarios para superar esta situación", aseguró la vicesecretaria del partido, Elena Valenciano, en conferencia de prensa tras la reunión.
Pero esos cambios, según explicó Valenciano, pasan por "acelerar la renovación ideológica" que ya tenía previsto realizar el PSOE, y también "algunos cambios orgánicos", pero en ningún momento se plantean el relevo de Rubalcaba, al frente de los socialistas desde hace ocho meses.
Tampoco se plantean adelantar la elección del próximo candidato a La Moncloa: "No es en absoluto el debate más urgente", zanjó.
El declive socialista dio aire al presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, quien apuntala un triunfo clave en un momento crítico para España, aún pendiente del anuncio de un rescate soberano y a las puertas de una segunda huelga general, el 14 de noviembre.
En Galicia el PSOE había planteado los comicios en clave nacional, como un plebiscito a las políticas de ajuste neoliberal del presidente Mariano Rajoy, pero los ciudadanos le dieron la espalda y, de hecho, como alternativa de izquierda eligieron a los nacionalistas, que se presentaron divididos pero juntos obtuvieron más votos que ellos.
La irrupción de AGE (Alternativa Galega de Esquerda) del veterano Xosé Manuel Beiras, quien hizo campaña para atraer a los indignados, a los castigados por la crisis y afectados por el ajuste, y consiguió 9 escaños, es prueba de que los ciudadanos no confían en los socialistas como alternativa.
El poco carismático candidato socialista en Galicia, Pachi Vázquez, perdió más de la mitad de los votos que tenía y 7 escaños, con los segundos peores resultados históricos. Y el problema no ha sido solo la temida abstención, ya que la participación fue solo un 1,3% menor.
El porrazo en el País Vasco, si bien tiene claves locales, es también doloroso, ya que pone fin al primer gobierno no nacionalista de la historia, y en parte responde también a la falta de confianza que la ciudadanía en los socialistas como opción capaz de liderar una política diferente frente a la crisis.
Los socialistas del hasta ahora lehendakari (jefe de gobierno) Patxi López eran concientes de que no podrían reeditar los resultados de 2009 con la presencia de la izquierda abertzale. No obstante, perdieron 100.000 votos, un tercio del total, y se convierten en el único partido vasco que no gobernará en ninguna de las instituciones.
Aún así, al ser la tercera fuerza política el PSOE será determinante en los acuerdos futuros que se aborden en el País Vasco, ya que ningún partido cuenta con mayoría absoluta.
López pretendía capitalizar el final de ETA, pero fueron los nacionalistas quienes se beneficiaron de la movilización. Además, se erigió como garante, junto al PP, del constitucionalismo en un momento en el que el independentismo cobró fuerzas, potenciado también por el desafío separatista de Cataluña, donde los socialistas asumieron un discurso más nacionalista.