21 de septiembre de 2026 - 00:00

¿Quién impactó a quién?

Un día, caminando, encontré mosaicos y mosaiquismo en las veredas y paredes de mi barrio. La semana pasada, al entrar al Hogar Santa Marta por primera vez, una explosión de colores me sorprendió en el patio central y en cada rincón. Al investigar, supe quién había sido la mentora de esa magia: Rosa Giménez.

Hace tiempo que camino la ciudad en búsqueda de respuestas. La ciudad es un enigma que merece ser descifrado y, como todo enigma, requiere de mucha paciencia y perseverancia. Lo que importa es que al final del camino sea evidente que alimentamos al buen león. Si buscas, encontrarás esta leyenda en sus múltiples versiones.

Un día, caminando, encontré mosaicos y mosaiquismo en las veredas y paredes de mi barrio. La semana pasada, al entrar al Hogar Santa Marta por primera vez, una explosión de colores me sorprendió en el patio central y en cada rincón. Al investigar, supe quién había sido la mentora de esa magia: Rosa Giménez.

Allí terminé de entender los indicios y los esfuerzos de vincular el espacio interior con la comunidad de no pertenencia. El Santa Marta poco tiene que ver con el lugar y la comunidad donde está enclavado; sin embargo, el arte logró impactar el entorno urbano, tanto como el entorno impactó la resignificación del hogar.

Ahora el camino es reconstruir el camino: bucear y encontrar a todas aquellas personas que dejaron sus mejores esfuerzos en cuidar la vida de los más vulnerables o vulnerados. Seguramente encontraremos muchas historias que merecen ser contadas; muchos anhelos, sueños, alegrías y también errores. “Quien esté libre de pecado, que arroje la primera piedra”, nos dicen las Sagradas Escrituras.

Hoy, como sociedad, nos enfrentamos a un desafío fundamental: ¿Qué hacemos con estas tierras tan cotizadas? ¿Seguir construyendo torres que simulan “el progreso de las grandes ciudades” o rendir homenaje a nuestros ancestros? Aquellos que entendieron la necesidad de humidificar las tierras áridas, de plantar árboles y cuidar el agua. El Santa Marta no es un lugar más: es el espacio donde habitaron los olvidados de la historia.

Quien quiera oír, que oiga. “Haz que tu cuento valga la pena”, reza el mural sobre la calle Sobremonte. Sigamos la charla en comunidad.

* Claudia Timoner. Arquitecta. Eco Hábitat Mendoza.

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