20 de octubre de 2012 - 21:46

Escocia, dividida por el proyecto independentista

Dentro de dos años, los escoceses votarán en referéndum si quieren la independencia de Gran Bretaña. A pesar del momento histórico, hay razones para la cautela: en enero, un 39% de los escoceses apoyaba la independencia y un 50% se oponía. Ahora sólo la apoya un 30% y un 58% se opone.

Frente a los sondeos que auguran la derrota del sí, los independentistas replican que otros sondeos reflejan una abrumadora mayoría favorable al autogobierno, aunque no a la independencia. Ahí creen tener un granero de potenciales conversos.

El profesor James Mitchell, de la Universidad de Strathclye, coincide. "Si ganaran los independentistas, a ambas partes les interesa una negociación sin conflicto. La inestabilidad perjudicaría a los dos, pero sobre todo a Londres", opina. "Digan lo que digan ahora, a los dos Gobiernos les interesa acabar teniendo buenas relaciones tras el proceso", explica.

Angus Robertson, jefe del Partido Nacional Escocés (SNP, por sus siglas en inglés) y padrino del crucial y traumático cambio de posición del partido en su vieja hostilidad hacia la OTAN, ve las futuras relaciones entre Escocia y Reino Unido a un nivel semejante a la cooperación que mantienen entre sí los países escandinavos o con mecanismos de cooperación como los que ahora implementan Irlanda y Reino Unido.

"Queremos mantener la zona de libre circulación, que no haya fronteras", señala Robertson.

"Queremos mantener el mismo jefe Estado que Reino Unido. Queremos seguir viendo la BBC, aunque por desgracia no creo que eso mejore la calidad del fútbol escocés. Tenemos una visión de una independencia del siglo XXI. Hay mucha gente en Escocia que es originaria de Inglaterra. Yo mismo lo soy. Somos los vecinos y amigos más próximos que se puede ser.

Hablamos de la unión social que compartimos y que queremos seguir construyendo y desarrollando. Y esa unión social va más allá de las estructuras de gobierno: es acerca de nuestra relación cultural, del hecho de que nos entendemos unos con otros, que nos gustamos. Todo eso no solo va a continuar, sino que va a mejorar. Necesitamos algo apropiado para el siglo XXI, que implica compartir soberanía con instituciones multilaterales y con vecinos. Y eso es bueno. No estamos en el siglo XIX".

Antes de llegar ahí, sin embargo, habría muchas cosas que discutir. "Las principales cuestiones a negociar son las económicas y fiscales. Ahí hay materias como la moneda, la deuda británica, repartir el gas y el petróleo y otros ingresos", explica el profesor James Mitchell.

"Hay otro lote, políticamente peligroso pero manejable, que son las cuestiones de Defensa", añade. Aunque han aceptado seguir en la OTAN, los independentistas lo han condicionado a la desnuclearización de Escocia, que implica trasladar el sistema de disuasión nuclear Trident al sur de la frontera.

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