18 de marzo de 2016 - 22:07

En medio del escándalo, Lula encabezó una marcha a favor del gobierno de Dilma

El ex presidente brasileño denunció un intento de "golpe" contra su sucesora. Miles de personas marcharon a favor del oficialismo.

El expresidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva volvió a vestirse este viernes de líder obrero, para denunciar en una manifestación en Sao Paulo un intento de "golpe" contra su sucesora Dilma Rousseff, amenazada por un juicio de destitución.

Las manifestaciones, convocadas por el gobernante Partido de los Trabajadores (PT), la Central Única de Trabajadores (CUT) y diversas organizaciones sociales, movilizaron a 267.000 personas en todo el país, según la policía, y a 1,2 millones según los organizadores.

"No vamos a aceptar que haya un golpe", lanzó Lula, de 70 años, con una voz más rasgada que nunca, ante decenas de miles de personas que vibraban a cada una de sus frases.

El ícono de la izquierda latinoamericana, nombrado jefe de gabinete de Rousseff, demostró que su carisma sigue intacto para buena parte de la población, pese a las denuncias de corrupción de que es objeto.

"Fue maravilloso lo que dijo, toda la energía, aliento y esperanza que transmitió al pueblo para que continuemos en la lucha", dijo María Cicera Salles, una funcionaria de 60 años.

"La gente de dinero no soporta al Lula obrero, al trabajador, y nunca consiguieron hacer lo que él logró. Quieren acabar con él porque temen que se presente en 2018 y les gane. Lo están masacrando. Es un crimen", agregó.

Lula denunció a quienes "tratan de anticipar elecciones dando un golpe contra Dilma"

"Tenemos que decirles que quienes estamos en esta plaza hemos luchado para derrocar al régimen militar, para conquistar la democracia, y que no vamos a aceptar que haya un golpe", proclamó.

Las principales marchas se llevaron a cabo Sao Paulo (80.000 manifestantes) y en varias ciudades del empobrecido noreste, un bastión de Lula, como Salvador de Bahía (60.000 manifestantes) o Natal (17.000), de acuerdo con el cómputo policial.

La izquierda buscaba hacer su propia demostración de fuerza, después de la impresionante movilización de tres millones de brasileños que el domingo pasado reclamaron la renuncia de Rousseff.

La crisis política que azota a Brasil y la recesión económica desgastaron la popularidad de Rousseff y opacaron la imagen de un país emergente pujante, deseoso de celebrar sus conquistas en los Juegos Olímpicos de Rio en agosto próximo.

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