3 de marzo de 2019 - 00:00

El “tsunami” de las chicas - Por Maxi Salgado

El fútbol femenino se sube a la ola de los cambios, pero no tiene base sólida para solventar el remezón.

Denuncias, presentaciones judiciales, defensas, suspensiones. ¿Qué pasará con el fútbol femenino en la provincia y el país? Es un tema que está latente. Desde que la selección nacional femenina comenzó a levantar la voz y a pedirle a la AFA que le diera las condiciones mínimas para poder representar al país, todos comenzamos a interiorizarnos.

En aquel momento, Chiqui Tapia y compañía salieron a actuar rápidamente para tratar de tapar las críticas y la espuma se fue desvaneciendo. La clasificación al Mundial con la cancha llena en La Plata, las noticias de Estefanía Banini jugando en España y el pase de Soledad Jaimes al Lyon francés, uno de los clubes más importantes del mundo en el ámbito femenino, parecían mostrar que las chicas iban ganando la batalla.

Pero en el medio del verano apareció el reclamo de profesionalización de la actividad realizado por Macarena Sánchez, a quien se la dejó libre de su equipo UAI Urquiza. Y ahora en Colombia, se decidió dar de baja los seleccionados nacionales femeninos. Esto ocurrió después de que varias jugadoras denunciaran en una fiscalía que fueron abusadas por su director técnico cuando formaron parte de la Selección Sub 17.

En el medio del caos, legisladores de la oposición presentaron un proyecto de ley en el Congreso de la Nación pidiendo igualdad de género en la actividad. Las chicas tienen que tener sus derechos, eso es indiscutible, pero lo que se debería pedir con carácter de urgencia es regular la práctica. Porque, por ahora, los reclamos van dejando muchos flancos por donde se los puede refutar.

Y lo ratifican las declaraciones de Rosana "La Zurda" Gómez, entrenadora del equipo nacional de fútbol universitario y quien supo brillar en equipos de primer nivel de nuestro país. “Ésto es un deporte joven que está creciendo, yo creo que pedir y que nos den todo de golpe puede ser contraproducente también. Si de verdad queremos ser profesionales tenemos que cambiar en un montón de cosas para que cuando llegue, no fracasemos”.

Los resultados en el ámbito internacional también juegan en contra. Los argentinos somos exitistas por naturaleza y si el equipo nacional no gana, inmediatamente no vende. Hoy no hay empresas que vayan a apostar por el desarrollo de la actividad femenina. “Todavía falta el cambio de chip de los clubes y las empresas, que quieran invertir, que quieran apostar al fútbol femenino. Hoy las chicas crecen viendo a Messi y comprando las camisetas de Messi, que son las únicas que le venden", dice la Zurda.

La profesionalización es un negocio y como pasa en cualquier actividad, para tener ganancias hay que generar recursos. Hoy esa pata no está. Algunos clubes van dando lugar y otros tienen más necesidades.

Lograr que los clubes las vean como prioridad debe ser el primer paso de  la revolución.

La que tiene que ser una consecuencia y no imposición. Las luchas se ganan resolviendo una a una y no todas juntas. Y es una realidad que ninguna conquista se consigue de un día para otro.

Mientras tanto en Mendoza, 22 equipos están anotados para dar inicio a la cuarta temporada de competencia de la Liga local. Pero cuando todo parecía que iba viento en popa, las chicas salieron a reclamar que los costos son muy elevados y que eso hará casi imposible poder participar del certamen.  "La última planilla del año 2018 fue de 2.700 pesos, ya que aumentó dos veces y ahora nos comunicaron que a partir de marzo la planilla pasa a valer 4.900 pesos, a lo que tenemos que agregar 1.800 pesos de los estudios médicos", expresó una jugadora.

Desde la dirigencia cuentan que las chicas pagan el 50 % de lo que pagan los caballeros y que del valor de la planilla, el 50% es el honorario de los árbitros. No tener el sustento económico es una de las debilidades que hacen tambalear cualquier defensa. Las chicas crearon un tsunami y como pasa siempre con este fenómeno, cuando las aguas se calman se comienzan a ver los daños que la gran ola dejó a su paso. Hay que parar la pelota y negociar, que cómo bien define el diccionario "es acordar entre dos partes un acuerdo que satisfaga los intereses de cada uno”.

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