El modelo cruje

Los últimos años reflejan un balance poco alentador en materia de exportaciones agroindustriales, sobre todo si nos evaluamos respecto de nuestros competidores. Con diversos matices, Argentina viene desacelerando su dinámica exportadora prácticamente en todos los complejos agroalimentarios (y en muchos casos las exportaciones comenzaron a caer en los últimos años).

Esta desaceleración es mayor a la mostrada por nuestros principales competidores. Por lo tanto, en varios productos se consolida una pérdida de mercados internacionales. Tal vez, el caso más paradigmático sea Brasil, nuestro vecino y principal socio del Mercosur, donde hemos perdido mercado respecto de Chile y países europeos en productos importantes para Mendoza.

Competitividad "Made in Argentina", estímulos espuma

La principal estrategia de fomento exportador que utilizó Argentina durante la última década podría describirse como “estímulos espuma”. La táctica consistió en generar breves períodos de competitividad cambiaria (tipo de cambio real alto) a partir de devaluaciones de nuestra moneda y una inflación, por momentos, controlada. Esta política es válida sólo para el corto plazo, ya que las devaluaciones tarde o temprano se terminan compensando con los aumentos en costos y precios (más aún en países como Argentina, donde los sindicatos juegan un rol central en la determinación salarial).

Varios países utilizan movimientos “transitorios” en el tipo de cambio como política contra-cíclica (ante escenarios externos adversos); sin embargo, en Argentina hemos hecho uso y abuso no sólo de la política cambiaria, sino también de la política fiscal y monetaria. El modelo económico utilizó “permanentemente” todos los instrumentos posibles de fomento hasta agotarlos a más no poder. Por ello, en la macro actual, las ventajas que traen las devaluaciones resultan absolutamente efímeras. La experiencia más reciente fue en enero de 2014, cuando la ventaja cambiaria de la devaluación (cercana al 20%) duró apenas un semestre.

Legado del Modelo: Cepo al Desarrollo

Cuando baja la espuma aparecen los problemas de fondo y estructurales; es entonces cuando advertimos el peor cepo que generó este modelo: el cepo al desarrollo. Nuestros competidores en el mundo nos ganan mercados simplemente porque desarrollan negocios en economías que son más competitivas que la nuestra. Por eso invierten, producen y exportan más.

Existen numerosos indicadores que exhiben de manera cruda cada una de nuestras trabas al desarrollo: bajísima calidad institucional, debilidad macroeconómica (pertenecemos al muy selecto grupo de países con estanflación), bajos niveles de innovación y acceso a nuevas tecnologías, importantes déficits de infraestructura (rutas, vías, puertos, energía), limitado acceso al financiamiento, impuestos altamente distorsivos e histórica presión tributaria, falta de acuerdos que mejoren la inserción de nuestros productos en el mundo, entre otros tantos problemas.

Sin espuma, la economía de Argentina cruje, se muestra estancada, incapaz de crear suficiente empleo e incapaz de sacar gente de la pobreza. Sin espuma vemos un modelo que ha multiplicado desincentivos a la inversión y al aumento de la productividad, aspecto trascendental para volver a conquistar mercados externos ya que, como destaca Paul Krugman: “La productividad no es todo pero, en el largo plazo, es casi todo”. Los cambios de gobierno generan un entorno propicio para re-pensar estrategias, para ser más razonables, para imitar a países que implementan políticas exitosas (a pesar de diversas ideologías) y, en definitiva, para quitar el cepo al desarrollo.

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