Manu Ginóbili convirtió al básquet en un deporte popular. Tangible. Lo posicionó a la altura del fútbol. Esta disciplina fue creada por el profesor de Educación Física James Naismith en 1891 en EEUU . En nuestro país, comenzó a practicarse en 1910 por intermedio de Paul Philip. Su aceptación fue inmediata. En 1950 Argentina gritó campeón Mundial al derrotar a EEUU en el Luna Park. En 1985 se jugó la primera edición de la LNB (creada por León Najnudel). El básquet siempre tuvo una expasión admirable. Es más, es uno de los deportes preferidos en la currícula escolar. Pero el efecto Manu rompió todas las fronteras. Ginóbili se convirtió en el abanderado del deporte argentino. Le sacó el primer escalón a tipos como Fangio o Maradona. Demostró que esos jugadores de la NBA que parecían extraterrestres, eran seres humanos comunes y corrientes con una capacidad atlética asombrosa. De lo contrario, Manu es de otra galaxia. Su humildad, mentalidad, valores, imagen y su necesidad de mejorar su juego constantemente lo convirtieron en el mejor extranjero de la historia de la NBA (superó a Kukoc y a Nowitzki). Manu es el deportista perfecto. El modelo a seguir por lo que hizo adentro y afuera de la cancha.
