17 de marzo de 2014 - 22:25

El ejército se desplegó en uno de los últimos bastiones opositores

El Chacao era uno de los focos de las violentas protestas que han dejado 29 muertos en el país. Advertencia de Maduro.

Tropas con armas largas se desplegaron ayer en el caraqueño municipio opositor de Chacao, uno de los últimos focos de las protestas que han dejado 29 muertos y que se han tornado en el mayor desafío del presidente Nicolás Maduro.

El despliegue de un millar de efectivos fue calificado por el gobierno socialista como una "liberación", pero el alcalde opositor Ramón Muchacho rechazó esa calificativo y dijo además que "no podemos hablar de normalidad cuando tenemos en las calles más militares que civiles".

Chacao es desde hace más de un mes el escenario donde cotidianamente grupos opositores radicales enmascarados mantienen batallas callejeras nocturnas con policías antimotines. Los disturbios -en el marco de mes y medio de protestas opositoras- fueron calificados por Maduro como un intento de golpe de estado con apoyo extranjero.

Ayer los ministros de Interior, Miguel Rodríguez Torres, y de Informaciones, Delcy Rodríguez, se reunieron fugazmente con el alcalde opositor Ramón Muchacho en la Plaza Altamira y le dijeron que le entregaban "la plaza como territorio de paz".

"¡La plaza Altamira y sus alrededores ha sido liberada por el Gobierno Nacional para el disfrute de todos!", escribió luego la ministra de Información en su cuenta de Twitter.

En rueda de prensa posterior el alcalde Muchacho criticó que se hablara de "liberación como que si hubiesen expulsado a una fuerza invasora extranjera. Aquí lo que el gobierno debe liberar son los productos de primera necesidad que no se consiguen, el papel sanitario, las divisas para la producción".

En torno de Plaza Altamira, unos dos centenares de miembros de la Guardia Nacional Bolivariana patrullaban el sector ayer mientras grupos de trabajadores realizaban limpieza de los escombros de las barricadas.

En el casco histórico de Chacao, a unos 800 metros, cerca de 150 miembros de la Guardia del Pueblo en motocicletas recorrían la zona, mientras tropas de la Guardia Nacional, desplegadas en patrullas de cuatro a ocho hombres con ropa de combate y armas largas, hacían controles aleatorios de identidad, comprobaron los periodistas.

"Me parece bien que venga la Guardia para que la gente pueda circular (...) Yo trabajo por aquí y me ha tocado tragar gas, estoy afónico todavía. Esto es correcto", dijo el corredor de seguros Osvaldo Reyes.

Este despliegue "es para amedrentar, para que la gente no salga a protestar", replicó la fisioterapeuta Cynthia Valcazar, que también trabaja en la zona.

En la Plaza Altamira, ya desalojada por la Guardia Nacional, camiones limpiaban una fuente, transeúntes iban apurados de un lado a otro y grupos de personas discutían a viva voz.

"Aquí (los opositores) estaban destruyendo al país", comentó María Vives, de 65 años, quien trabaja por las inmediaciones. Para ella "la Guardia Nacional hace su trabajo sacando a los ?guarimberos'. Este es un gobierno del pueblo".

Pero unos metros más allá María José Colmenares, una docente de 50 años, gritaba "los estudiantes no tienen cómo expresarse y por eso se radicalizaron... Este es un gobierno de corruptos"'.

Para el ensayista Manuel Felipe Sierra, la estrategia del gobierno frente a las protestas ha sido "inconveniente, pues ha estimulado el cuadro de violencia".

"El discurso de Maduro estimula la violencia y pareciera que no se entiende lo que está en juego", dijo el analista, pero agregó que también a la oposición se "le ha ido de las manos" la protesta al carecer de un "planteamiento político de fondo".

Las protestas han dejado un saldo de 29 muertos, cerca de 400 heridos y 41 investigaciones por violación de derechos humanos por parte de los cuerpos policiales.

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