Uno de los últimos casos de desprecio contra esculturas y otras expresiones de arte de la vía pública, ocurrió hace muy poco, en la madrugada del viernes 4 de abril, y en este caso la afectada fue la obra del general San Martín, sentado en la Alameda con su hija Merceditas en sus rodillas, entre las calles Corrientes y Urquiza.
Es un conjunto muy ameno y familiar, que embellece el paseo de la Alameda, donde se encuentran además la histórica Biblioteca Pública General San Martín y el Museo Histórico General San Martín, que administra la Asociación Damas Pro Glorias Mendocinas. También en el comienzo del paseo, muy carca de calle Córdoba, tenemos el monumento de Fray Luis Beltrán de pie.
Esa área de la ciudad ha sido mejorada por la Municipalidad de la Capital, pero en horarios nocturnos se torna complicado sustraerla al accionar de vándalos que disfrutan con hacer daño al equipamiento urbano, sean frentes de edificios o expresiones artísticas, o implementos colocados para el confort y el sosiego de transeúntes y visitantes.
Los titulares de la Biblioteca San Martín y las ya mencionadas damas sanmartinianas también tienen la expectativa de que cesen las pintadas que afean el frente del solar que alberga a esas instituciones, pilares de la cultura y la historia mendocina.
Hace días, desconocidos le cortaron la mano izquierda a la figura del Libertador junto con su hija, creación de la escultora Sonia López, que también tiene en su haber muchas restauraciones de trabajos malogrados por la intolerancia.
Es la segunda vez que la escultura es malograda; sufrió una situación similar en 2021. En la anterior ocasión, los trabajos para recuperar la pieza artística demandaron aproximadamente un mes.
El daño revela el desprecio de personas que creen que estos objetos de arte están puestos en la vía pública para que ellas descarguen su ira o su descontento, o vaya a saber qué frustraciones.
Nos hemos ocupado mucho del vandalismo del arte en estas columnas, y una de las últimas veces fue en octubre de 2022, cuando se atacó la obra “La loba con Rómulo y Remo”, del escultor Daniel Jiménez, en la plaza Italia de la ciudad de San Martín.
Seguramente en varias jornadas más la mano del general volverá a su sitio por la acción reparadora de la autora del trabajo e imaginariamente el Gran Capitán padre podrá continuar contando sus Máximas a Merceditas, las mismas que él redactó en Bélgica en 1825, cuando la niña tenía 9 años. Ése es el simbolismo del conjunto escultórico.
A lo mejor, aunque lo sostenemos sin mucha convicción, se podría albergar la esperanza de que los obnubilados autores del cercenamiento de la mano del Libertador, enterados del significado de la obra, se apiaden en el futuro y no actúen más como lo hicieron.
Recientemente, en algunos casos actos de vandalismo obrados contra los frentes de casas o edificios públicos, y cuyos autores fueron detenidos, dieron como resultado la aplicación de tareas comunitarias de reparación del daño o en beneficio de entidades.
Con prescindencia del arrepentimiento o no de los responsables del actual vandalismo , es importante que el municipio, tal vez en armonía con las instituciones instaladas en esa parte de la capital, pueda encontrar un mecanismo de protección para el equipamiento y los objetos escultóricos instalados en ese tradicional paseo.
Una primera idea, pero no la única, será asegurar e incrementar la vigilancia policial sobre el lugar. Todo dentro del contexto general de seguir actuando para ponerle frenos a la actividad delictiva, que en el centro de la ciudad de Mendoza y en determinados sitios, particularmente a ciertas horas, actúa con mucha impunidad.