El ejercicio del poder por parte del gobernador de Formosa no tiene límites. Hace un uso abusivo de su autoridad y con el tiempo (gobierna su provincia ininterrumpidamente desde el 10 de diciembre de 1995, luego de haber sido antes ocho años vicegobernador) logró que su círculo de partidarios y adherentes fortalezca el culto a su personalidad.
Es por ello que no puede sorprender, aunque sí indignar, que una mujer del ámbito educativo jerárquico haya aparecido en un video pidiéndoles a los niños de una escuela primaria que agradezcan al gobernador Insfrán la entrega de útiles, alimentos y guardapolvos. Nada menos que una funcionaria del Ministerio de Cultura y Educación formoseño fomentando la idolatría al mandamás enquistado en el poder desde hace cuatro décadas.
Si bien es atendible que desde el Estado se apoye la actividad escolar proveyendo los elementos básicos e indispensables para la enseñanza cuando el alumnado no se encuentra en condiciones de obtenerlos, de ninguna manera se puede permitir que esa obligación de las autoridades tenga como moneda de cambio la alabanza a un funcionario obligado a llevar a cabo dicha acción.
Es por ello que la situación institucional de Formosa desborda las posibilidades de quienes desde la oposición política pretenden limitar el poder extremo que consiguió con los años Insfrán.
La primera explicación para tal realidad se obtiene al comprobar que aquella provincia norteña tiene una cantidad significativamente mayor de empleados públicos que de trabajadores privados. Una anomalía que explica las razones del denunciado clientelismo político que maneja el oficialismo justicialista provincial y por qué la economía local no encuentra el estímulo que merece entre los representantes del ámbito privado con afán de crecimiento.
Sin embargo, todo el desatino político e institucional formoseño se encuentra en manos de la Corte Suprema de la Nación, que debe resolver sobre una acción impulsada por la oposición reunida en el denominado Frente Amplio Formoseño.
Debe tenerse presente que en 2024 la máxima instancia judicial de la Argentina había declarado inconstitucional la reelección indefinida de gobernador en la provincia de Formosa. Luego, a instancias de Insfrán, la provincia logró reformar su Constitución para limitar los mandatos, pero estableciendo que el periodo actual del gobernador debe contarse como primero, viabilizando su única reelección posible n 2027. Una nueva artimaña.
De todos modos, aunque el actual caudillo formoseño lograse pelear por un período más el año próximo, los sectores de la oposición provincial deberían encarar, dentro de las limitaciones que impone el enquistado oficialismo, programas consensuados para montar con la debida antelación alternativas de gestión que motiven a la ciudadanía en base a la expectativa de cambio que tanta falta hace en aquellas tierras. Nada mejor que la fuerza del voto para desmontar a los “dueños” del poder.