Frente a esto, Lisandro Vergara -licenciado en Ciencias Políticas con especialidad en Economía y Finanzas- observó que hace diez años que Mendoza prácticamente no crece en exportaciones. Agregó que uno de los que más empuja es Brasil, pero que allí también existe un estancamiento y que no hay un aprovechamiento efectivo del acuerdo Mercosur realizado en la década del 90. En la actualidad, no hay gran margen para la mejora de las ventas al exterior dado que las industrias que explican dicho crecimiento están fuera de la provincia.
Los productores locales fueron los más perjufidados con las medidas arancelarias de Brasil.
De hecho, un reciente informe del Ieral de la Fundación Mediterránea destacó que Argentina creció en el comercio mundial y que las exportaciones mejoraron 9% en 2025 con perspectivas de aumento también para este 2026. Los complejos agroindustrial exportador, minero, energético y ganadero son los que se llevan las palmas.
Y la vitivinicultura, el ajo y el turismo de Mendoza –los principales productos que se exportan a Brasil- están lejos de estos saltos y no pasan por su mejor momento. “Mendoza por ahora está ajena a los grandes motores de crecimiento de la economía actual”, sintetizó Lisandro Vergara. En esta línea, sumó que no hay margen para que las exportaciones a Brasil puedan crecer al menos en el corto plazo más allá de la situación cambiaria.
Relaciones complicadas
Así, el informe de ProMendoza indicó que el flujo de mercaderías que cruza la frontera hacia el mercado brasileño encuentra su principal motor en el ajo y la industria vitivinícola, esta última concretó envíos por aproximadamente 26 millones de litros de vino y alcanzó un valor de 93 millones de dólares. Dentro de la producción primaria, el ajo fresco lidera con exportaciones por 78 millones de dólares equivalentes a unos 61 millones de kilos. El sector industrial tiene representación a través de las materias plásticas y sus manufacturas y exportó por 80 millones de dólares.
En palabras de Piazza, Brasil es para Mendoza su mercado más diversificado ya que compra más rubros y de más empresas que cualquier otro destino. La continuidad –sumó- se debe a un trabajo conjunto que se encuentra garantizado por el marco regulatorio del Mercosur, una estructura institucional que cuenta con más de cuatro décadas de desarrollo y que impone reglas de juego estables para el comercio bilateral.
El referente de ProMendoza concedió que la sintonía entre los presidentes puede acelerar o dinamizar ciertos acuerdos específicos. En especial los relacionados con la agenda estratégica de negociaciones comerciales con otros países y/o bloques. Advirtió, no obstante, que la red de negocios, los canales logísticos y la complementariedad entre los sectores privados de Mendoza y los distintos estados brasileños se encuentran fuertemente consolidados.
Marcelo Rolland / Los Andes
Para Lisandro Vergara, la rispidez en las relaciones entre los mandatarios de Argentina y de Brasil no va a incidir de manera directa en la mayor o menor cantidad de exportaciones. Sin embargo, no consideró que sea algo menor dado que el país vecino –por su tamaño y ubicación estratégica- debe ser un aliado local. Desde su punto de vista, este tipo de situaciones muestran que los gobernantes “colocan sus intereses personales por encima de los generales”.
Mario Bustos Carra, gerente de la Cámara de Comercio Exterior de Cuyo, Brasil es el principal socio comercial de Mendoza y del país por lo que debería primar el sentido común. “No importa el signo político sino mantener la relación”, subrayó el referente que agregó que se trata de un intercambio clave en América Latina. Agregó, sin embargo, que en las relaciones entre los privados no debería resentirse si dos presidentes no se simpatizan. “De hecho, hay sobrados ejemplos de que cuando los negocios funcionan, lo demás no importa tanto”, comentó Bustos Carra.
Argentina todavía más cara
El resultado electoral del domingo trajo una devaluación del real en los primeros días de la semana, situación que habrá que ver si persiste pasada la efervescencia. Por lo pronto, la modificación del tipo de cambio implicó que la moneda brasileña se abarató cerca de un 8% frente al dólar lo que impacta en la economía de Argentina y de Mendoza. La modificación cambiaria impacta en la economía local. En primer lugar, ahora los productos argentinos se encarecieron con relación a los brasileños y al mismo tiempo que los de ellos están más baratos.
La falta de competitividad local que carece de financiamiento y acusa altos costos impositivos ya hace que Argentina sea más cara con relación a sus vecinos. En esta línea, el vino y el ajo podrían verse impactados, pero habrá que esperar a ver qué sucede con el tipo de cambio. Estos dos productos tienen un plus esta temporada que nada tiene que ver con la política o el dólar sino con las posibles consecuencias del Súper Niño. Si el fenómeno complica más los costos, será más difícil competir en este mercado dado el encarecimiento mencionado y la devaluación en Brasil.
En este marco, el sector que más directamente se verá impactado será el del turismo tanto receptivo como emisivo. Si bien en la semana las noticias daban cuenta de la “explosión” de las consultas para viajar a Brasil, no hay que olvidar que si bien el costo de vida allá podría ser menor, los valores de los pasajes se mantienen. Si la tendencia persiste, por otra parte, la llegada de brasileños va a resentirse en un contexto en que algunos habían comenzado a volver debido, justamente, a la relativa paridad cambiaria entre ambos países.
Marcelo Rosental, presidente de la Cámara de Hoteleros de Mendoza, expresó que de sostenerse el alza del real, se va a vivir una realidad similar a la del verano 2026. Es decir que será conveniente para los argentino viajar a Brasil mientras que el país será caro para los brasileros. “Es decir, menos turismo para destinos en Argentina tanto de público de Brasil como nacional”, sintetizó Rosental.
En contraposición, si se actualizara el precio del dólar en el país –algo poco probable- las expectativas para el turismo receptivo serían diferentes. Más allá de esto, el referente de la Cámara de Hoteles opinó que Argentina necesita una política turística que contemple simultáneamente la captación de divisas, la competitividad de sus destinos y la sostenibilidad económica de sus empresas. “La pregunta es si estamos preparados para competir por el turista brasileño y, al mismo tiempo, evitar que nuestros propios viajeros encuentren sistemáticamente mejores condiciones en el exterior”, reflexionó el referente.
Para el responsable de Negociaciones Internacionales de ProMendoza, el dinamismo de la relación entre las regiones se refleja en el constante flujo de personas, impulsado por el turismo receptivo y el intercambio cultural mutuo. “Los turistas brasileños continuarán eligiendo los atractivos mendocinos y el sector productivo local mantendrá su abastecimiento hacia el mercado vecino de manera ininterrumpida”, comentó Piazza. Agregó que la madurez institucional y la fuerza de los vínculos económicos hacen pensar que el trabajo conjunto con Brasil seguirá el mismo rumbo de cooperación y desarrollo que ha mantenido históricamente
El impacto de los primeros meses
La incertidumbre económica brasileña ya tiene implicancias para los mercados financieros. Un informe del Ieral de Fundación Mediterránea expresó que el resultado electoral podría requerir un período de ajuste antes de que se consoliden nuevas expectativas. En ese contexto, no se espera una reversión rápida de la devaluación del real registrada durante la semana electoral ni una recuperación automática de las cotizaciones bursátiles.
Tampoco anticiparon que las tasas de interés brasileñas comiencen a bajar de inmediato. Para la Argentina, las consecuencias se trasladan a dos frentes. En el plano financiero, la incertidumbre puede prolongar la volatilidad regional. En la economía real, un real más barato frente al peso resta competitividad a las manufacturas argentinas y puede afectar los servicios turísticos.
Además, una desaceleración de la actividad en Brasil puede reducir la demanda de productos argentinos. El efecto es especialmente relevante para provincias con vínculos comerciales estrechos con el principal socio del Mercosur. Así, el rumbo económico que adopte Lula durante los primeros meses de su nuevo mandato incidirá sobre las perspectivas de crecimiento de las provincias argentinas que dependen de ese mercado.
Lula enfrenta el desafío fiscal y Brasil puede enfriar la economía argentina
La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva abre interrogantes sobre el rumbo económico de Brasil. Así lo manifestó un informe del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) de la Fundación Mediterránea que expresó que tras varios años de crecimiento, la actividad comenzó a perder impulso, mientras el aumento del gasto público, las elevadas tasas de interés y el deterioro de las cuentas fiscales condicionan las perspectivas para los próximos años.
El escenario marcado por el economista Jorge Vasconcelos expresó que esto genera preocupación en la Argentina tanto por su impacto financiero como por las consecuencias sobre las exportaciones y la competitividad industrial. Entre 2021 y 2025, el Producto Interno Bruto (PIB) brasileño creció a un promedio anual del 3,3%. Sin embargo, esa dinámica comenzó a desacelerarse y las proyecciones de consenso ubican el crecimiento de 2027 en torno al 1,3%, si no hay cambios de política económica.
El diagnóstico del Ieral apuntó al agotamiento de un modelo basado en la expansión del gasto público. Según el análisis, esa estrategia contribuyó a llevar las tasas de interés a niveles prohibitivos para el sector privado y alimentó un círculo vicioso en las cuentas estatales. El déficit fiscal alcanza el 9,4% del PIB cuando se incorpora el costo financiero de la deuda.
El desafío de recuperar la credibilidad fiscal
Así, para el Ieral, las primeras señales del cuarto mandato de Lula serán determinantes para establecer si el Gobierno buscará corregir esos desequilibrios. Uno de los principales interrogantes es si conseguirá acuerdos con el Congreso para moderar el gasto y recuperar la confianza de los mercados. No hay que olvidar que el escenario político agrega dificultades. ya que Lula cuenta con apenas cuatro gobernadores, concentrados en las regiones menos desarrolladas del país.
El desafío será conciliar esas demandas con la orientación económica del Ejecutivo y evitar que las tensiones institucionales dificulten las negociaciones. La preocupación fiscal no es nueva y, según un estudio del Centro de Debate de Políticas Públicas (CDPP) la falta de credibilidad fiscal impediría reducir las elevadas tasas de interés con las que se refinancia la deuda pública.
A esto se suma el agotamiento de los motores que impulsaron la actividad en los últimos años. La tasa de desempleo bajó del 9,5% en 2022 al 5,5%, lo que deja menos margen para que el mercado laboral aporte nuevos impulsos al crecimiento. Al mismo tiempo, el endeudamiento de los hogares se encareció: la carga financiera equivale al 30% de sus ingresos y la morosidad llegó al 8% en ese segmento de créditos.
El gasto estatal, por su parte, se concentró en erogaciones corrientes, con una participación reducida de la inversión. Para el IERAL, esa composición contribuye al estancamiento de la productividad. Si el Gobierno no logra acuerdos para modificar la dinámica del gasto y mejorar el resultado fiscal, la deuda pública podría alcanzar el equivalente al 105% del PIB en 2030.
La presión demográfica también suma desafíos. Las personas de 60 años o más representan el 15,6% de la población brasileña y ese porcentaje podría duplicarse en tres décadas. En contraste, los jóvenes de entre 15 y 24 años constituyen el 14,8% del total. Para estabilizar la deuda en torno al 80% el ajuste del gasto debería alcanzar, a lo largo de varios años, una magnitud del orden de los tres puntos del PIB.
Sin embargo, avanzar en esa dirección exige acuerdos legislativos. Las reformas constitucionales requieren el respaldo de tres quintos de los votos en ambas cámaras, por lo que el Ejecutivo deberá negociar con sectores del centro y de la derecha. Las diferencias que dejó la campaña electoral podrían dificultar un acuerdo amplio y derivar en negociaciones puntuales.