Hay obras que no buscan imponerse sobre el entorno, sino disolverse en él. En el corazón del barrio Unimev de Guaymallén, tras cruzar la escala cotidiana de un garaje tradicional, se abre un paso casi imperceptible hacia una nave de escala distinta. Se trata de La Casita Yogui, un proyecto de arquitectura de espacio reducido que desafía las lógicas tradicionales de la construcción mendocina para explorar la arquitectura textil y la adaptabilidad sensorial.
La propuesta se ubica en el barrio Unimev de Guaymallén.
Luis Abba
El núcleo de la propuesta radica en su envolvente: una esbelta estructura metálica recubierta íntegramente por lona blanca, similar a la utilizada en los transportes de carga, montada sobre una plataforma de madera suspendida del suelo. Esta decisión constructiva no solo resuelve la ligereza de la masa, sino que introduce un concepto clave en el interiorismo contemporáneo: la permeabilidad acústica y ambiental.
A diferencia de las envolventes masivas que aíslan por completo el exterior, ésta cubierta funciona como un diafragma sensible. La brisa, el cantar de los pájaros o el repiqueteo de las gotas de lluvia sobre la carpa dejan de ser interferencias para convertirse en la banda sonora natural de la sala. La estructura respira, cruje y responde al clima, generando una atmósfera contenida que mantiene a sus ocupantes en contacto directo con las variaciones del entorno.
Arquitectura: Transición espacial y diseño bioclimático
La estructura respira, cruje y responde al clima.
Luis Abba
El recorrido hacia el interior está pensado como una pausa gradual. La masa edilicia de la vivienda funciona como un filtro acústico respecto al movimiento urbano del barrio, preparando al usuario para el remate visual del lote.
Sobre este contraste sensorial y la experiencia de habitar el espacio, su propio hacedor Brian Robles reflexiona: "El garaje es oscuro y fresco porque tiene una bóveda que funciona como antesala. Pero una vez que abrimos el portón negro, bien oscuro, aparece la sala blanca, clara y cálida. Ese contraste ya invita al menos a soltar".
En relación a la respuesta de los usuarios frente a esta envolvente textil y la calidez del material, agrega: "Quienes vienen a practicar son los que más sienten esta desconexión. El mismo espacio ya te traslada a ese momento que venís a buscar, para conectarte con vos o bajar un par de cambios. La estructura respira con nosotros; al no tener paredes rígidas, no podés buscar ese apoyo firme de una pared tradicional, sino que te invita a buscar tu propio centro".
También enfatizó que "la madera en el suelo genera una calidez inmediata bajo los pies. En otras salas con pisos de cemento o baldosa sentís un frío súper marcado, mientras que acá el espacio te invita directamente a descalzarte, no te dan ganas de pisar con zapatillas. Es una obra hecha muy a mano, ensamblando parte por parte. No hay otra sala igual: inserta en el barrio, en el fondo de la casa, con carpa de camión y piso de madera".
Refugio de tela y madera
“Partimos de una operación precisa, usar la lona como única envolvente para reducir la obra a un sistema liviano y eficiente que fuera capaz de producir una atmósfera interior calibrada” indica Luis Abba, quién colaboró con Brian en idear y construir este espacio.
“El ejercicio consistió en tratar de resolver con la menor cantidad de piezas posibles un esbelto esqueleto metálico, concebido como soporte mínimo para una envolvente textil liviana. De esa relación entre estructura y lona surge un espacio que se define por pocos elementos y por una economía constructiva enfocada en lo esencial. Buscábamos un interior diáfano, silencioso y contenido, adecuado para la práctica de yoga y meditación. La translucencia del material registra las variaciones sutiles del entorno y las devuelve como sombras y reflejos” agregó frente a nuestra consulta.
La lona es flexible y fácilmente manipulable, por lo que puede remangarse en momentos de clima cálido para permitir el ingreso de aire fresco desde el sur y favorecer la ventilación cruzada. En una de sus caras, el uso de lona translúcida permite enmarcar un fragmento del jardín existente. Esta operación otorga protagonismo al patio, característico de la escala barrial en la que se inserta la pieza.
La lona es flexible y fácilmente manipulable, por lo que puede remangarse en momentos de clima cálido.
Luis Abba
El resultado es un volumen flexible y de bajo impacto que demuestra cómo la innovación en materiales no convencionales puede resolver espacios específicos de meditación, optimizando el uso del suelo residencial con una impronta liviana, cálida y deeply ligada a la vivencia del lugar.
“La Casita Yogui siempre me ha parecido un espacio para observar el mundo de otra manera (física y emocionalmente). Practicando yoga, siento que vamos metabolizando la parte de la vida que el pensamiento y la emoción aún no logran abarcar del todo. Estoy agradecida porque experimento avances físicos, pero también más contenta en la cotidianidad”, explicó Irene, practicante.