Duele. Porque el Tomba nos tenía acostumbrados a otra imagen, Nadie podía imaginar en el inicio de la temporada que tras seis partidos este equipo que levantaba aplausos y elogios por lo largo y ancho del país iba a ser capaz de dejar una imagen tan pobre. Si hubo algo que no se le podía reprochar a Godoy Cruz era su falta de entrega, su desidia para encarar un partido y principalmente de local.
Duele. Porque tanto había costado hacer del Malvinas una fortaleza infranqueable, que no es justo haber borrado eso de un plumazo. De los cuatro partidos que se jugaron en este 2019 en Mendoza, tres fueron derrotas y duras.
Duele. Porque a una semana de jugar la esperada Copa Libertadores, un certamen al que se llegó por sobrados méritos tras pelear mano a mano el título con Boca, la situación asoma muy complicada.
Lastima. Que los dirigentes no hayan acertado con el técnico, como casi siempre lo habían hecho, o que los jugadores hayan decidido bajarse de este barco. Eso, como siempre pasa en el fútbol, se sabrá con el correr del tiempo. Lo cierto es que el técnico hizo gala de la improvisación, justo él que tenía como bandera el orden cuando era futbolista. Y si el capitán pierde el rumbo, el barco va directo a la deriva, eso es inexorable.
Duele, Que el técnico quiera mirar para otro lado y nos intente vender espejitos de colores. “Jugando así ganaremos el próximo partido”, dice. Y duele si los dirigentes no ven que al Tomba le están haciendo daño.