El presidente estadounidense, Barack Obama, pragmático en el ámbito internacional a pesar de sus ambiciones iniciales, continuaría, de resultar reelecto, la “guerra secreta” contra Al Qaeda y privilegiando la diplomacia en otros lugares, con Medio Oriente, estiman los expertos.
El portavoz de Obama, Ben LeBolt asegura que “el presidente ha mantenido su palabra (...) de poner fin a la guerra de Irak de forma responsable, de derrotar a Al Qaeda, de ponernos en el camino del fin de la guerra de Afganistán y de restablecer nuestras alianzas en el mundo entero”.
Pero los cuatro años en el poder han estado también marcados por el fracaso de las negociaciones israelo-palestinas, una gestión a veces caótica en relación a los sucesos de la región árabe y reveses en el objetivo de llegar a un “compromiso” con Irán y Corea del Norte, todo aderezado con las relaciones todavía ásperas con Moscú y Pekín.
Por otro lado, Obama no ha recibido a ningún mandatario extranjero en la Casa Blanca desde mitad de junio y se ha abstenido de mantener cualquier reunión bilateral formal en la ONU a finales de setiembre, consciente de que no tiene tiempo que perder en su campaña electoral, explica el ex subsecretario de Estado Karl Inderfurth.
Esta cuestión también está vinculada a Irán y su programa nuclear, respecto del cual Obama afirma, a pesar de las críticas de Romney, que su estrategia de combinar diplomacia y sanciones está dando frutos, aunque no se descarta una acción militar como último recurso.