-En el 2012 la industria registró un punto de quiebre. A partir de ese año, el único mercado del exterior que nos quedó fue Brasil. Quedamos afuera de cualquier otro destino por los costos de logística. En el caso de nuestra empresa, la última exportación que hizo a Europa fue en 2011. Ese año, llevar un contenedor hasta el puerto de Buenos Aires y ponerlo en la bodega del buque, nos costaba U$S 1.500, y hoy sale más de U$S 4.500.
Esto implica que en cuatro años, el aumento -en dólares- superó el 200%. Además, ese año, en plena temporada, Brasil cerró la frontera, aduciendo razones fitosanitarias. En realidad fue una medida paraarancelaria, pero lo cierto es que algunas empresas no pudimos terminar de enviar la mercadería que estaba comprometida.
-¿Cómo siguió desde entonces la relación comercial bilateral?
-En la temporada 2013, Brasil dispuso que para poder ingresar la fruta había que fumigarla con bromuro de metilo. Esa medida dejó sin efecto la ventaja comparativa que teníamos frente a Chile, nuestro principal competidor, que ya venía con experiencia en estos procedimientos.
-¿Cuál era la ventaja comparativa de los exportadores argentinos?
-Brasil prefería nuestra fruta mientras no estaba vigente para nosotros la obligación de fumigar, porque ese tratamiento acorta la poscosecha; es decir, el tiempo durante el cual la fruta mantiene todos sus atributos de calidad, después de haber sido cosechada. Una uva en condiciones normales, sin fumigación, tiene 90 días de poscosecha, la fumigación la reduce entre 35% a 40%.
Hasta ese momento, el importador brasileño prefería cargar en Mendoza, quizás a un precio un poco superior al de Chile, pero se aseguraba esa poscosecha de 90 días con una uva que no estaba fumigada.
-¿Cuál fue, entonces, el impacto comercial derivado de esa nueva exigencia?
-A partir de 2013 comenzamos a fumigar, y el volumen de fruta exportada empezó a caer. Las estadísticas son elocuentes. En el 2012, sin fumigación, Mendoza envió a Brasil alrededor de 360.000 cajas, el equivalente a unos 3 millones de kilos, y en esta temporada 2015, que ya ha terminado, a Brasil se han exportado unas 85 mil cajas, con un volumen total inferior a 700 mil kilos. Es decir que en las últimas tres temporadas, la disminución ha sido de 75%.
- ¿Quién ocupó el espacio de mercado que dejaron las empresas locales?
-Las empresas chilenas. A igualdad de condiciones, los importadores brasileños prefirieron la uva de Chile, donde hay una experiencia más desarrollada en fumigación, y -esto es determinante- los empacadores pueden fumigar en el mismo establecimiento.
En cambio nosotros, por una disposición de Medio Ambiente, no podemos hacerlo. Esto implica demoras de hasta 24 horas en el ingreso de la fruta al túnel de frío, lo que se traduce en un deterioro de la calidad.
-¿Cómo se manifiestan los problemas de competitividad que mencionó al comienzo?
-Nosotros, por caja terminada, tenemos un costo de 2,50 dólares más que el que tiene un exportador chileno. Nuestro costo es de, aproximadamente, U$S 11,50 por caja de 8,2 kilos netos, y el precio en el mercado internacional ha sido de U$S 10, es decir, que nuestros costos están U$S 1,50 por encima del precio de mercado.
En Chile, pueden terminar una caja a un costo de 9 dólares, y vendiendo a 10, les queda un margen positivo. Para nosotros es imposible, porque son muchas variables las que nos perjudican. Una de nuestras mayores dificultades está en el tipo de cambio. Eso sumado a la inflación, que se refleja en altos costos de los insumos.
Para dar una idea: una caja de cartón de la misma empresa proveedora cuesta, acá, U$S 1,50 y en Chile, 90 centavos de dólar. En realidad, el costo nuestro es de U$S 1,30 más impuestos, pero como la devolución del IVA llega muy tarde, ese impuesto, para nosotros, ha pasado a ser un costo.
-¿Qué medidas ayudarían a revertir esta situación?
-Como sector de uvas frescas, necesitamos un diálogo con el gobierno de turno para determinar estrategias de competitividad. No queremos que nos vendan, ni que nos compren la uva.
Queremos tener la posibilidad de competir libremente en el mercado internacional, y para ello consideramos que existen muchas variables que se pueden ajustar, como eliminar las retenciones, recupero del IVA en un corto plazo, importación de insumos para disminuir los costos, compartir el costo de logística hasta el puerto de Buenos Aires y de esta manera llegar a otros mercados para no ser Brasildependientes.
-¿Cómo ve el escenario futuro de la actividad?
-Ahora hay expectativas de algún cambio, aunque se mantuvieran ciertas variables macroeconómicas. Si no, es para bajar la persiana, no se puede exportar. En estas condiciones, estamos a punto de perder el único mercado externo que nos queda.
Un nuevo competidor en el negocio
Diego Salvarredi advirtió que, en los últimos 3 o 4 años, ha crecido mucho la presencia de los exportadores peruanos de uvas de mesa en los mercados internacionales. “Hay un nuevo productor fuerte en Suramérica, que es Perú -señaló- y eso se ha venido traduciendo, en las últimas temporadas, en un deterioro del precio del producto”.
Recordó que “en 2012, el precio promedio de una caja de Red Globe era de 14 dólares y esta temporada fue de 10 dólares”.
Además, este año la situación de algunos mercados complicó más el panorama. “Rusia y el Sureste Asiático disminuyeron la demanda, y quedó mucha fruta peruana que fue derivada a los mercados de Suramérica, particularmente a Brasil”, explicó.
Comentó Salvarredi que “nosotros habíamos cerrado con un cliente una operación a 11 dólares la caja de 8,2 kilos, y nos comunicó que tenía ofertas de uva peruana a 9 dólares, puesta en el puerto de Santos. Es imposible competir así”.