9 de agosto de 2026 - 17:45

Tras la victoria de Huracán, Caicedo pidió perdón por su festejo ante San Lorenzo: "Fue un momento de euforia"

El delantero ecuatoriano confesó sentirse mal por su conducta y admitió que acordó su salida con el DT tras ser buscado por los rivales.

El clima en el Nuevo Gasómetro se mantuvo hostil incluso después del pitazo final. Mientras los hinchas locales despedían a su equipo con silbidos, la figura del encuentro no mostraba la sonrisa que se esperaba de un jugador que acababa de entrar en la historia del club de Parque Patricios.

Caicedo se presentó ante la prensa visiblemente afectado por los incidentes ocurridos tras su segundo gol: "Quiero manifestar aquí, públicamente, y pedir disculpas por el acto que tuve en el campo de juego", expresó el atacante ante las cámaras. Sus palabras buscaron distanciarse de la imagen proyectada durante los festejos, asegurando que quienes lo conocen saben que ese tipo de conductas no forman parte de su personalidad habitual y atribuyó su reacción a la intensidad emocional del encuentro y a la presión acumulada por la relevancia del resultado.

El pacto con el técnico y el riesgo de la expulsión

A pesar de la alegría por el triunfo, Caicedo confesó una sensación de amargura personal por cómo terminó su participación en el partido. El jugador reveló que su salida del campo se dio por una conversación necesaria con el DT Diego Martínez ante la posibilidad de ver una segunda tarjeta amarilla: "Yo ya tenía amarilla, me iban a buscar", detalló sobre el asedio de los futbolistas de San Lorenzo.

La situación se volvió compleja cuando varios referentes del equipo local comenzaron a increparlo tras su festejo frente a la tribuna. Según el testimonio del delantero, lo mejor era abandonar el terreno para proteger la ventaja y el resultado que tanto le había costado conseguir al equipo. Esta sustitución dejó un sabor agridulce en el ecuatoriano, quien manifestó su deseo de competir hasta el último minuto.

La victoria de Huracán quebró una racha que se extendía desde diciembre de 2001. Durante toda la semana previa, los compañeros de plantel le habían transmitido a Caicedo la frustración de años anteriores, donde el equipo se retiraba con las manos vacías a pesar de estar cerca del objetivo.

El delantero se mostró consciente de que sus dos goles representan un hito para la institución, sumando así tres gritos en los últimos dos clásicos y cerró su intervención dedicando el triunfo a su esposa, a su hija y a la hinchada quemera que esperaba este desenlace desde hacía dos décadas y media.

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