-¿Hay algún lugar al que vayas y automáticamente bajes un cambio?
-Creo que es un hábito de muchos rivadavienses: nuestras reuniones en el café. Estamos acostumbrados a eso desde chicos. Creo que es el lugar donde nos relajamos y nos divertimos mucho con los amigos.
La vida, un rompecabezas
-¿Qué cosas pequeñas de la vida cotidiana te hacen feliz?
-El contacto diario con mi hija, con mis amigos. La vida de mi familia y los momentos que disfrutamos con mis amigos. Son cosas simples, pero son las que uno más valora.
Su esposa Verónica, con quien lleva 23 años de casado, y su hija Irina, son pilares fundamentales en la vida de Marcelo.
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-¿Y qué te pone de mal humor?
-La falta de compromiso y de responsabilidad, fundamentalmente. La mentira y la falta de sinceridad. Me enervan.
-¿Qué tiene que tener una persona para que la consideres amiga?
-Transparencia. Una persona en la que se pueda confiar y que confíe en vos. Eso es fundamental.
-¿Sos demostrativo con la gente que querés o te cuesta?
-Me cuesta. Soy más bien parco en ese aspecto.
-¿Qué te cuesta más: pedir perdón o perdonar?
-Perdonar.
Cocina, música, lectura y cine
-Cuando recibis a alguien, ¿qué cocinás?
-¿Cocinar? No, no. Un asado. No sé hacer ni un huevo duro (Risas).
-¿Y si tenés que poner música?
-Me gusta mucho el rock nacional: Soda Stereo y Virus, toda la música de los 80. Y también mucho rock internacional.
El Chelo, siempre ligado a la camiseta N° 13, dejó un recuerdo imborrable dentro del deporte rivadaviense.
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-¿Sos amante de la lectura?
-Era un lector aficionado a El Gráfico. Con El Gráfico aprendí geografía, aprendí historia. Me encantaba. Ahora todo está muy volcado a leer a través de las computadoras o los teléfonos y no es de mi gusto. Pero me gusta leer. Sobre todo la lectura del diario, que se ha ido perdiendo. A mí me encanta.
-¿Hay alguna película que te haya quedado grabada?
-Soy muy amante de las películas basadas en hechos reales, especialmente las épicas.
De padres e hijos
-De chico, ¿había algo que soñabas hacer y que nunca hiciste?
-Sí, a lo mejor me hubiese gustado jugar al fútbol. Me gustaba mucho. Iba con mi papá a ver a Independiente Rivadavia y estaba con sus futbolistas. Pero la vida quiso que fuera basquetbolista.
-¿Qué aprendiste de tus padres que todavía hoy aparece en tu manera de vivir?
-El respeto, ser una persona íntegra, no dejarme llevar por la adversidad. Y fundamentalmente el respeto por todo, por los mayores, por los demás, y la sinceridad. Eso es lo que más me quedó de mi padre.
-¿Qué rasgo tuyo reconocés en tu hija?
-La responsabilidad. Es ordenada y responsable al extremo.
Con su hija Irina, Marcelo comparte la pasión por Independiente Rivadavia. Suelen ir juntos a la cancha.
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-¿Y hay alguno que preferirías que no hubiera heredado?
-Muchas veces ser tan responsable te hace sufrir un poco. Pero creo que es preferible sufrir por eso y no por la irresponsabilidad.
Los años y el miedo a la muerte
-Si te dieran un mes entero sin obligaciones, con todos los gastos pagos, ¿qué harías?
-Viajaría. Viajaría de forma permanente.
-¿Qué edad sentís que tenés hoy por dentro?
-Creo que la edad del deportista, la edad de cuando uno tuvo su época cumbre deportivamente, no se pierde jamás. El sentirse jugador, esa edad, no se pierde nunca. Uno cree que siempre tiene esa llama interior encendida. En mi caso, es lo que siento.
-¿Y qué cambió más en vos con los años: el cuerpo o la cabeza?
-La cabeza. Tenés que ir adaptándote a todos los cambios cotidianos. En el deporte, en la vida, en el trabajo, tenés que adaptar tu cabeza a los cambios diarios porque no podés quedarte con lo que fue.
El básquet de Rivadavia construyó una historia maravillosa desde la década del 80' en adelante. Y Centorbi fue parte importante.
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-¿Cómo te llevás con esto de ir cumpliendo años?
-Lo llevo bien. Estoy adaptado a la circunstancia. No me pesa el hecho de cumplir años. Obviamente, a todos nos gustaría tener siempre entre 25 y 30 años, pero es la ley de la vida.
-¿Hay algo de tu juventud que hoy extrañes?
-Creo que justamente eso: la juventud.
-¿Cuál es tu miedo más grande hoy?
-No tengo grandes miedos, pero me preocupa tener una vida futura saludable. Los problemas de salud son bravos.
-¿Pensás en la muerte?
-No, para nada. Creo que tenemos que tener en claro que algún día va a ocurrir. Mientras más lejos esté, mejor, pero no le tengo miedo.
-¿Cuál fue el momento más difícil de tu vida?
-Uno pasa por tantas etapas que no lo puedo focalizar en una sola cosa. Pero siempre lo relacionado con la salud. Ya sea por la salud de mis padres, perder a los padres, estar preocupado porque a alguien de tu familia le pase algo malo. Creo que esos son los momentos de mayor angustia.
-Cuando fallecieron tus padres, ¿cómo atravesaste esos momentos?
-Creo que interiormente todos sabemos que ese momento inevitablemente llega. Perder a mi papá y a mi mamá fueron golpes muy duros. Pero si tenés una familia sólida, o formás una familia sólida en base a todo lo que ellos mismos te enseñaron, eso te ayuda a sobrellevar el momento. Creo que mi señora y mis hijos jugaron un rol preponderante en ese aspecto.
-¿Qué le dirías hoy al Marcelo de 15 años?
-Le diría varias cosas. Primero, en el aspecto deportivo, que entrenara más. Me entrenaría el doble de lo que me entrené, y eso que me entrené mucho, para haber crecido más deportivamente. Y también le diría que terminara de estudiar. Que terminara una carrera universitaria. Yo no terminé de estudiar justamente por el aspecto deportivo. Dejé los estudios porque se me solapaban con el deporte. La etapa deportiva fue muy linda. Me permitió conocer, disfrutar, tener objetivos y cumplirlos. Pero hoy, mirando hacia atrás, creo que también hubiera sido bueno concluir una carrera universitaria.
Los amigos, esa recompensa
-Si pudieras escuchar a tus amigos hablando de vos, ¿qué te gustaría que dijeran?
-Creo que ellos me reconocen como un buen amigo, porque yo soy un buen amigo de mis amigos. Y creo que es recíproco. Ellos sienten lo mismo.
-¿Ser buen deportista y mejor persona tuvo su recompensa?
-Creo que la recompensa la tenés todos los días en el reconocimiento y el respeto de la gente. Cuando te encontrás con alguien y realmente se alegra de verte, creo que es el momento de decir: "Bueno, tan mal no hice las cosas". Y la cantidad y calidad de amigos que te deja el deporte es inenarrable. Muchas veces me sorprendo de la cantidad de grupos que integro y de que todos tengan una buena consideración de mí. Creo que eso no tiene medida. Te llena realmente de satisfacción.
El paso de los años hizo que aquel gran equipo de la década del 80' y 90' continúe hoy a través de una hermosa amistad.
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El no a la política
-¿Alguna vez te ofrecieron participar en política?
-Si, en varias ocasiones y de distintos partidos. No me identifico con ningún sector, siempre voté a las personas, nunca a un partido específico.
-¿Y por qué nunca aceptaste?
-No está en mis objetivos prioritarios, sería muy exigente conmigo mismo y ni te cuento con el resto.
-¿Cómo ves la situación del país?
-Se está transitando un momento difícil. Seguramente se saldrá adelante, ha costado y costará mucho esfuerzo, pero había que provocar un cambio.
-¿Y a Mendoza cómo la ves?
-Creo que Mendoza es una provincia fantástica, con gente un tanto parca y hasta poco afectuosa. Mendoza tiene todo para ser mucho más de lo que es. Pero es difícil tomar determinaciones, porque tenemos miedo a equivocarnos.
Rivadavia, su lugar en el mundo
-Viviste prácticamente toda tu vida en Rivadavia. ¿Nunca pensaste en irte a vivir a otro lugar?
-No. Como estudiante tuve una etapa en la que iba y venía, y deportivamente tuve la posibilidad de vivir en otros lugares, en Mendoza, Córdoba y Buenos Aires. Pero creo que no me equivoqué con el correr de los años al haber vivido en este departamento.
-¿Puede un departamento latir al ritmo de un equipo?
-Los años de Liga Nacional "B" con Rivadavia, fueron únicos, demandaban una notable exigencia, era rendir examen todas las semanas. Una Ciudad entera latía al compás del equipo; ¡se agotaban las entradas dos días antes de los partidos! Una locura. Ahí surgió el nombre de "Rivadavia capital del básquet".
El deporte, una parte esencial de su vida
-¿Cómo llegaste al básquet si de chico te gustaba tanto el fútbol?
-Mi papá había sido jugador de básquet y fue director técnico del Rivadavia que ascendió por primera vez a la A en 1974. A los 12 o 13 años el básquet pasó a ser una parte esencial de mi vida.
-Es curioso mirar una foto de aquel equipo y una de hoy y ver que los nombres se repiten...
-Eso habla de lo que significa el sentido de pertenencia. Con la gran mayoría de aquellos compañeros de equipo fuimos los dirigentes que volvimos a posicionar a Rivadavia en la instancia nacional, algo que también habíamos tenido la oportunidad de hacer como jugadores.
Debutó en el básquet de Rivadavia con tan solo 14 años. Es uno de los más grandes jugadores que dio ese departamento.
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-¿Cuáles fueron tus principales virtudes?
-No aflojar nunca y entrenar siempre con mucha responsabilidad.
-¿Quiénes fueron las personas que más te marcaron en tu carrera?
-Mi padre, sin dudas. También Leopoldo Brozovix. Y Pablo Grossi fue importante para todos los jugadores de aquella época.
-¿Cómo fue pasar de jugador a técnico? ¿Te costó dejar de jugar?
-No. Creo que fue el momento justo.
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Nombre: Marcelo Alberto Centorbi.
Edad: "Tengo 64 años. Cumpliré 65 el 21 de setiembre".
Esposa: "Verónica. Estamos casados desde el año 2003".
Hija: "Irina Sofía. Tiene 23 años y estudia medicina. Cursa 4° año. ¡Cómo pasa el tiempo!".
Mascotas: "Un perro, Negro, y dos perras, Pocha y Pepi, todos levantados de la calle"
Hincha de: "Rivadavia e Independiente Rivadavia".
Clubes: "Siempre jugué en Rivadavia, aunque fui refuerzo de Andes Talleres, Israelita Macabi, Anzorena y Cultural Israelita"
Un ídolo: "Messi engloba la figura del deportista, pero nunca tuve un ídolo definitivo. Fueron variando".
Vino: "Me gusta y lo tomo, pero no soy un gran conocedor. Elijo Chardonnay entre los blancos y Malbec entre los tintos".
Si no hubieras sido basquetbolista: "Hubiera sido ingeniero o agrimensor. Soy maestro mayor de obra".