14 de septiembre de 2026 - 19:34

La historia detrás del oro de Fernando Contreras: Hugo, su inspiración hasta el último pedal

El ciclista mendocino se consagró campeón suramericano en mountain bike después de atravesar uno de los años más difíciles de su vida. La pérdida su papá, quien lo inició en el ciclismo, le dio un significado especial a una medalla histórica.

Pero detrás de ese triunfo había una historia mucho más profunda. Las lágrimas que acompañaron su llegada no fueron únicamente producto de la alegría. También fueron la expresión de un dolor que lo había acompañado durante los últimos meses y que, por momentos, estuvo a punto de alejarlo definitivamente de la bicicleta.

La emoción del ciclista mendocino que hizo historia en los Juegos Suramericanos y logró el primer oro de la disciplina y que por primera vez llega a un podio.

La emoción del ciclista mendocino que hizo historia en los Juegos Suramericanos y logró el primer oro de la disciplina y que por primera vez llega a un podio.

Una medalla dedicada a su padre

Hugo Contreras, ex ciclista y figura fundamental en la vida deportiva de Fernando, falleció en el mes de febrero. Fue él quien lo acercó al mundo del ciclismo cuando apenas era un niño y quien compartió sus primeros pasos en las competencias junto a sus hermanos, principalmente en el Valle de Uco.

La pérdida significó un golpe enorme para el corredor mendocino. En medio del duelo, llegó a considerar la posibilidad de abandonar no solo su participación en los Juegos Suramericanos.

Sin embargo, decidió continuar. Con el acompañamiento de su familia y la ayuda de profesionales que lo asistieron durante ese difícil proceso, encontró fuerzas para volver a subirse a la bicicleta, ponerse la camiseta celeste y blanca y viajar a Santa Fe con una motivación especial.

Esta vez, el desafío no era solamente representar a la Argentina. También quería honrar la memoria de su padre.

Después de cruzar la línea de llegada y todavía entre lágrimas, Contreras explicó el significado de su victoria: “Todo esto es para una persona que se me fue este año, que era mi viejo, y para toda mi familia, que me ha apoyado en un año muy complicado para mí. Hace algunos meses estuve a punto de bajarme de la bicicleta y, gracias a los profesionales que me ayudaron muchísimo, hoy puedo estar acá. Esto es para mi familia, que me ayuda a estar acá”, dijo entre lágrimas.

Una vida sobre dos ruedas

Fernando comenzó a pedalear cuando tenía apenas 9 años. Lo que inicialmente era una aventura familiar por los distintos circuitos provinciales se transformó, con el paso del tiempo, en una carrera deportiva de alto nivel. “Era la salida familiar de fin de semana por medio, y lo disfrutábamos muchísimo”, contó alguna vez a Los Andes, el bicampeón argentino.

Con su padre como uno de sus principales impulsores, fue creciendo en el mountain bike hasta convertirse en un corredor de trayectoria internacional. Participó en campeonatos y Copas del Mundo, acumuló experiencia en competencias de la Unión Ciclista Internacional y construyó una carrera marcada por la dedicación y la constancia.

Su pasión por el ciclismo tampoco le impidió atender otras responsabilidades. Durante su etapa escolar fue abanderado de su colegio secundario, una muestra de que el compromiso y la disciplina también estuvieron presentes fuera de los circuitos.

El oro que llegó desde el corazón

En Rafaela, Contreras alcanzó el resultado más importante de su participación en Santa Fe 2026. Superó por 10 segundos al brasileño Alex Malacarne y por 1 minuto y 33 segundos a su compatriota Ulan Bastos, dos corredores que habían conseguido medallas en el Campeonato Panamericano de Paraguay.

El mendocino se quedó con el oro y escribió una página inédita para el mountain bike argentino en los Juegos Suramericanos. Pero el valor de esa medalla trascendió las estadísticas y los registros.

En su rostro, en el abrazo con sus compañeros y en las lágrimas que no pudo contener, quedó reflejado todo lo que había tenido que atravesar para llegar hasta allí.

Fernando Contreras ganó una medalla de oro, pero también encontró una manera de abrazar simbólicamente a su padre. Su triunfo fue el resultado de años de esfuerzo, de una familia que lo sostuvo en los momentos más difíciles y de la decisión de seguir pedaleando cuando el dolor parecía indicar lo contrario.

En lo más alto del podio, el campeón suramericano tuvo una dedicatoria que fue mucho más allá del deporte.

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