Godoy Cruz, de a poco, comienza a transitar ese camino que tanto ha deseado desde que perdió la categoría. El Tomba empieza a mostrar solidez, crecimiento y, sobre todo, adaptación a una Primera Nacional que durante buena parte del torneo le costó entender.
En noviembre del año pasado, después de 17 años en Primera División, Godoy Cruz sufrió el duro golpe del descenso tras una muy mala campaña. Volver a empezar no fue sencillo. Los distintos cuerpos técnicos que pasaron por el plantel no encontraron el rumbo y el equipo tampoco conseguía hacerse fuerte de local, algo indispensable para pensar en un rápido regreso a la máxima categoría.
La llegada de Pablo De Muner comenzó a cambiar esa historia. Desde el primer momento, el entrenador planteó una premisa: hacer del Feliciano Gambarte un bastión. Y lo consiguió. Desde su llegada, Godoy Cruz ganó los seis partidos que disputó como local, mientras que en el torneo, acumula ocho triunfos y cuatro empates en su casa. Y 5 derrotas de visitante (1 triunfo).
Eufórico. El goleador del Tomba y uno de los máximos artilleros del campeonato festeja junto a Antonio Guerrero el segundo gol de Godoy Cruz.
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El Gambarte, una fortaleza que sostiene al Tomba
La deuda estuvo afuera de Mendoza. Ganar de visitante fue durante mucho tiempo una asignatura pendiente. El equipo generaba situaciones, pero le costaba convertir y cerrar los partidos. De Muner comenzó a mover piezas, encontró variantes y, de a poco, el Tomba empezó a adaptarse a la categoría.
La goleada ante Ferro Carril Oeste pareció marcar un punto de inflexión. A partir de allí, se consolidó y, con ello, una confianza que el equipo necesitaba.
También aparecieron los protagonistas. Martín Pino se convirtió en una de las grandes noticias: no solamente marca goles, sino que también asiste y se asocia con Rodríguez o Ulariaga para darle al equipo una cuota ofensiva que antes le faltaba. A eso se suma el crecimiento de Strumia en el arco, el trabajo defensivo y una mejor versión de Gil Romero junto a Vicente Poggi.
De Muner y la presión de ganar
No todo está resuelto. Godoy Cruz todavía sufre más de la cuenta para administrar las ventajas, como ocurrió ante Central Córdoba y Chaco For Ever. Pero hay una diferencia sustancial: ahora gana esos partidos que antes se le escapaban.
El propio De Muner lo reconoció después del último triunfo. “Nosotros prácticamente no tenemos margen. Necesitábamos sumar de a tres y ratificar todo lo bueno que habíamos hecho con Ferro”, explicó, al admitir que la presión de los resultados también influye.
Sin embargo, el entrenador eligió quedarse con lo positivo: “Me quiero quedar con las cuatro victorias de manera consecutiva, con los seis triunfos en condición de local desde que estamos acá, algo que nunca me había pasado. Quiero mirar la mitad del vaso lleno, y obviamente que hay cosas que tenemos que mejorar”.
Y esa parece ser justamente la fotografía del presente tombino. Hay aspectos para corregir, especialmente cuando juega fuera de casa y cuando debe manejar las ventajas, pero el equipo empezó a encontrar una identidad.
El Tomba fue claramente superior durante el primer tiempo y en apenas 15 minutos ya ganaba 2 a 0. Aunque terminó sufriendo, se impuso 2 a 1 ante el Negro.
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Una identidad para volver a Primera
Godoy Cruz comienza a sentirse más fuerte y, quizás lo más importante, empieza a aceptarse dentro de la categoría. Ya no mira a la Primera Nacional como un territorio extraño, sino como el escenario en el que debe competir para conseguir el objetivo que todos persiguen en la Bodega: volver a Primera.
Ahora tendrá por delante uno de esos partidos que pueden medir cuánto ha crecido. Deportivo Maipú aparece en el horizonte con las mismas ambiciones, en un duelo mendocino que tendrá además el condimento de enfrentar a dos equipos que buscan hacerse un lugar en la pelea grande.
Godoy Cruz ya entendió que para volver no alcanza con el nombre, la historia ni el recuerdo de los años en Primera. El regreso se construye partido a partido.
Y, por ahora, el Tomba parece haber encontrado el camino.