“Yo tuve la oportunidad de conocerlo personalmente en 2001 en Roma en la Comisión para América Latina, donde él estaba a cargo de la Secretaría del Sínodo de los Obispos. Si bien era previsible que fuera elegido, fue una grata sorpresa por varios motivos. En primer lugar, por el sentimiento de plenitud que genera que un argentino haya llegado a ese lugar. En segundo orden, por el nombre que eligió; sea por San Francisco de Asís o por Francisco Javier (cofundador de la orden jesuita) es importante porque el nombre dice mucho del estilo con el que quiere regir el destino de la Iglesia".
