La gloria se escribe con sudor y jerarquía. No hay casualidad en esto. Andes FC lo entendió desde el primer minuto y jugó los 90 de ayer con el cuchillo entre los dientes.
La gloria se escribe con sudor y jerarquía. No hay casualidad en esto. Andes FC lo entendió desde el primer minuto y jugó los 90 de ayer con el cuchillo entre los dientes.
Así, sacó un 1-1 que permitió el delirio de los alvearenses, quienes aprovecharon el 2-1 conseguido en la ida para celebrar uno de los ascensos al próximo Torneo Federal B.
La Libertad también hizo merecimientos para lograr el objetivo, pero chocó contra una muralla llamada Gabriel González y apenas pudo vulnerarlo en una de las últimas acciones del encuentro, cuando la angustia ya copaba todo el estadio.
La primera mitad fue de muchas imprecisiones para el local. Andes fue prolijo para entregar el balón y casi no pasó sobresaltos. Sin embargo, mejoró en el complemento, cuando generó varias chances como para ponerse en ventaja.
Anzorena le sacó el alma al juego a poco del final y Abba amagó con devolvérsela sobre el final. No hubo milagro para el local y Andes celebró un merecido ascenso.
La violencia empañó el festejo visitante
Tras la finalización del encuentro, y con un incomprensible error de la policía, que dejó salir primero a los hinchas locales, se desató el caos con una lluvia de piedras que dejó un niño lastimado en su cabeza.
La situación generó la reacción de todo el plantel alvearense, que discutió vehementemente con los efectivos y generó mayor tensión aún.
La situación se desbordó cuando los visitantes celebraban el ascenso junto a los casi 100 simpatizantes que habían llegado al Este para presenciar las acciones del encuentro. Las piedras comenzaron a llover desde las inmediaciones del estadio y la policía tuvo una lenta reacción.
Primero fueron los gritos desesperados para que los encargados del operativo de seguridad actuarán, pero rápidamente cambiaron y se transformaron en gritos de desesperación al ver la agresión sufrida por un niño que estaba entre los presentes.
La intervención de la policía en las inmediaciones del estadio devolvió la paz que ya habían roto un par de idiotas que nunca entienden nada.