Los cultivos bajo cubierta representan un avance tecnológico que permite extender el período de producción normal a campo o en zonas con limitaciones climáticas y bajo ciertas condiciones, resultan una alternativa más rentable que la producción a campo. No obstante, actualmente significan un escaso porcentaje del total de la producción nacional de hortalizas.
De unas 500.000 hectáreas, estimadas (INTA), con cultivos de hortalizas en Argentina solo unas 4.000 hectáreas corresponden a cultivos bajo cubierta.
En Mendoza, una descripción precisa de la evolución y estado actual de los cultivos protegidos es difícil de obtener debido a que no se dispone de publicaciones con datos actualizados. De aproximadamente 38.000 hectáreas cultivadas en la provincia anualmente con hortalizas, se estimaban en 2008 unas 440 hectáreas con cultivos hortícolas protegidos (400 hectáreas bajo malla antigranizo y 40 hectáreas bajo invernaderos).
A nivel país, se observa un desarrollo localizado de la agricultura intensiva principalmente en tres zonas: NOA, NEA (incluida Corrientes) y las zonas circundantes a los grandes centros urbanos de Buenos Aires y Santa Fe. O sea, las dos zonas tradicionalmente productoras de hortalizas primicias (por contar con condiciones climáticas apropiadas) y los cinturones verdes de los centros urbanos más poblados del país.
Los bajos ingresos y el riesgo climático que presenta la horticultura tradicional a campo inducen a los productores hortícolas a buscar alternativas de producciones que permitan mejorar la rentabilidad y reducir los riesgos por adversidades ambientales.
La mayor rentabilidad lograda en horticultura ha sido la obtenida en cultivos bajo cubierta, que muestran una tasa interna de retorno relativamente alta en comparación con las de los cultivos a campo.
Estas referencias han llevado a pretender reproducir esa resultante económica en nuestra provincia. Muchas veces sin tener en cuenta las condiciones particulares que en otras regiones han permitido el desarrollo o la adaptación de tecnologías de producción forzada que han posibilitado esa alta rentabilidad económica.
Predominio de la malla
En Mendoza, ha surgido últimamente un notable interés por los cultivos forzados bajo cubierta. Sin embargo, estos sistemas de producción no siempre resultan rentables debido al elevado costo de las estructuras y la necesidad de calefaccionarlas cuando se hacen cultivos sensibles al frío durante el período con bajas temperaturas.
En nuestra provincia los invernaderos con coberturas plásticas se iniciaron a fines de la década del 60’ para la protección de cultivos de flores en las inmediaciones de los centros poblados, pero siempre en reducidas superficies.
Luego se desarrollaron aprovechando estructuras locales existentes (parrales), o copiando modelos de otras regiones o países vecinos, pero sin bases tecnológicas ni conocimientos empíricos suficientes para un adecuado control de los factores ambientales y del manejo del cultivo (sistemas de conducción, irrigación, fertilización, control de plagas y enfermedades).
Bajo esas condiciones se producen problemas de rentabilidad por bajos rendimientos y escasa calidad de los productos, además de una excesiva dependencia de agroquímicos, aumentando los riesgos de salud para operarios y consumidores.
Actualmente, en Mendoza, la mayor superficie protegida en cultivos hortícolas es la cubierta con malla antigranizo (principalmente: tomate, pimiento y lechuga).
Las mallas, además de proteger de las granizadas, producen leves modificaciones en el ambiente protegido, como disminución de la velocidad del viento e incrementos o descensos de la temperatura y una reducción de la radiación global respecto al aire libre. Estas modificaciones en el ambiente que rodea a las plantas protegidas favorecen su crecimiento.
Los invernaderos para protección de cultivos hortícolas cubrían en 2008 unas 40 ha (tomate 54%, lechuga 24%, pimiento 22%). La mayor parte de la superficie cubierta (75%) se encontraba en el oasis Norte, principalmente en los departamentos de Guaymallén, Las Heras y Maipú, siguiendo en importancia el oasis Sur con 24%. En el Valle de Uco la superficie bajo cubierta representaba menos del 1% del total provincial.
De las casi 600 estructuras relevadas en Mendoza, 40% correspondían a invernaderos con techo curvo, 30% a macrotúneles y 27% a estructuras tipo capilla (techo a dos aguas). Las coberturas tipo parral representaban solo 2%.
Tendencia general en la horticultura forzada
A nivel mundial, y Argentina no es una excepción, los cultivos protegidos bajo cubierta han tenido un rápido crecimiento, especialmente en regiones donde se aprovechan condiciones climáticas favorables -inviernos benignos y alta heliofanía- que permiten obtener ventajas competitivas, logrando producciones con altos rendimientos y calidad en períodos con elevados precios.
En otros casos, los menos frecuentes, en zonas donde naturalmente no es posible realizar cultivos hortícolas al aire libre, el cultivo bajo cubierta ha permitido modificar las condiciones climáticas locales para hacerlas apropiadas a las necesidades de las plantas y hacer una utilización eficiente de recursos escasos (como el agua de mala calidad y suelos no productivos).
Sin embargo, actualmente se tiende a disminuir la magnitud de las inversiones para modificar las condiciones adversas. Por una parte, los altos costos de la tecnología sofisticada y de la energía, y por otra, las mejores condiciones del transporte a larga distancia, hacen que se magnifiquen las ventajas comparativas (dadas por condiciones agroecológicas favorables de determinadas regiones).
Las altas inversiones para lograr producir en zonas o en períodos no aptos para el cultivo a campo, resultan cada vez menos ventajosas desde el punto de vista económico. La protección de los cultivos tiende actualmente a favorecer altos rendimientos con mayor calidad que la que puede obtenerse a campo, pero siempre en zonas donde resulta posible el cultivo sin excesivas modificaciones del clima.