El duelo entre Argentino y FADEP terminó en una batalla campal.
Copa Mendoza: piñas van, piñas vienen
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Esta vergonzosa costumbre de definir una disputa deportiva a los golpes arruinó una tarde de fútbol en San José. Aún con el pésimo arbitraje de Lescano, los roces propios de un partido decisivo, de un entorno tenso (hubo incidentes entre los hinchas locales) y de las gastadas visitantes, nadie podía presagiar un final tan escandaloso.
Con la historia sentenciada, los jugadores locales salieron en busca de Cajal, el arquero visitante, a quien acusaron de hacer señas a los hinchas académicos. Lo que siguió fue un caos, lejos de lo que pedía la tarde dominguera en calle Mitre. Pegarle patadas en el piso a un rival ya excede los límites.
La tarde tuvo una una frutilla para su papelón: el juez principal y sus colaboradores abandonaron el campo apenas inició la trifulca. No hay manera de que el informe señale a los agresores, por lo que no habrá sanciones. ¡Para el olvido!
Durante 90' ninguno de los dos logró sacar ventaja decisiva. El primer tiempo, con un pésimo arbitraje de Lescano, fue para el Boli, con mejores sociedades en los metros finales. La expulsión de Villarroel lo complicó y permitió que FADEP encontrara espacios. El empate llegó desde la cabeza de un ex, Emanuel Lucero, y la definición fue a los penales, donde se dieron 22 remates que extendieron la angustia. Con la clasificación de FADEP se desató la violencia, esa que todo lo ensucia. Lamentable.