Roma. La Presidenta argentina habló ayer luego de su almuerzo a solas con el Papa Francisco y dijo que Su rasgo distintivo es la sencillez". Lo definió como "nuestro Papa, no porque sea argentino, sino porque es de todos los católicos" y dijo que le pidió su "intermediación para el diálogo sobre Malvinas".
Él, todo de blanco. Ella, todo de negro. Se estrecharon la mano con una sonrisa apenas se vieron. "¡Por Dios, es increíble esto, es increíble!", exclamó Cristina Kirchner. "Si, yo no me desmayé ahí adentro?", le respondió Francisco, recordando el momento de su elección en la Capilla Sixtina. "¿Se acuerda cuando los dos dijimos que nos íbamos juntos en 2011?", le recordó la Presidenta.
Ambos rieron. Aquello fue en marzo de 2010, la última vez que la Presidenta recibió en su despacho al entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina. Cristina terminaba su mandato al año siguiente. Jorge Bergoglio tenía previsto jubilarse casi en simultáneo, debido al límite de 75 años que tienen los obispos. El pronóstico fue errado. Cristina fue reelecta. Bergoglio se convirtió en Francisco, el primer Papa argentino.
La sencilla casa de Santa Marta, el alojamiento de los prelados que visitan el Vaticano y donde aún duerme Francisco mientras terminan de remodelar sus aposentos en el Palacio Apostólico fue ayer el lugar del encuentro entre el flamante Papa Francisco y la Presidenta argentina. Intercambiaron obsequios. Cristina le entregó un juego de mate elaborado por los cooperativistas del programa Argentina Trabaja y un poncho de vicuña catamarqueño, para protegerse del frío romano.
Francisco le obsequió una copia del acta que firmaron junto a la presidenta chilena Michelle Bachelet y el Papa Benedicto XVI en ocasión del 30° aniversario del Acuerdo del Beagle, una mayólica con un dibujo de la Plaza San Pedro, un libro con los últimos trabajos de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM) -del que repasaron juntos algunos títulos- y una rosa blanca. El Papa le dijo que la flor representa a Santa Teresita, su santa preferida. Esa clase de rosa también es la preferida de Cristina.
"¿Lo puedo tocar?", le consultó Cristina para la foto. El la abrazó y le dio un beso. "Ay, nunca me dio un beso un Papa", bromeó ella. Tras esas formalidades, la pequeña comitiva que acompañaba a ambos se retiró y quedaron solos para el almuerzo. Nada de cocina gourmet. Carne, verduras al vapor y frutas frescas (cuentan aquí que la cocina de Santa Marta es tan mala que los curas se escapan a escondidas a comer en cualquier trattoria romana).
Dios sabe lo que hablaron durante las casi dos horas que compartieron. Pero es claro que fue un intento mutuo por dar vuelta la página de la difícil relación que forjaron los Kirchner con Bergoglio durante la última década. Mientras algunas figuras del kirchnerismo siguen fustigando a Bergoglio, la Presidenta describió el encuentro de ayer como "importante y fructífero".
En su reconstrucción ante la prensa, Cristina contó -y dio allí el título más resonante para los diarios del mundo- que le había pedido a Francisco que intercediera para logar que Gran Bretaña se avenga a dialogar sobre la soberanía de Malvinas.
También relató que abordaron el tema de la trata de personas y los trabajadores explotados en situaciones casi esclavistas, un drama que siempre siguió de cerca Bergoglio. Con respecto a eso, Francisco le confesó que veía "muy bien el trabajo conjunto de los presidentes latinoamericanos en pos de la Patria Grande". La Presidenta dijo que se sintió "impactada" e "impresionada" de que el Papa se refiera a la "Patria Grande" y mencione a José de San Martín y Simón Bolívar.
Cristina contó también que invitó formalmente a Francisco a una visita oficial al país y sugirió que podría ser en julio.