“Se venden 40 asnos”, se lee en un anuncio publicado en la prensa palestina. Nada anormal si no fuera que lo firma el ejército israelí, acusado de haberlos confiscado a agricultores de la Cisjordania ocupada. Las autoridades israelíes afirman que recogen los animales vagabundos por el bien de la seguridad pública.
Pero, según los palestinos, persiguen un objetivo muy distinto: multiplican los decomisos y las destrucciones para obligarlos a abandonar el Valle del Jordán, estratégico para sus tierras agrícolas y sus reservas de agua.
Los animales se subastarán si sus propietarios no los reclaman, precisa el anuncio en árabe del mando militar del territorio palestino ocupado desde hace casi 50 años.
El Cogat -encargado de los territorios ocupados- asegura que se trata de “medidas adoptadas para capturar a animales que erran sin vigilancia y constituyen un peligro”.