Comparar es odioso, pero no se puede evitar

Acabamos de regresar de un viajecito de segunda luna de miel a Bariloche. Lo recorrimos y luego por el paso Samoré cruzamos a Chile. Fuimos a la isla de Chiloé y luego regresamos tocando Puerto Montt, Osorno, Villarica, Temuco, Talca... Cruzamos por el Paso Cristo Redentor y así visitando lugares en la marcha volvimos.

No puedo evitar la comparación de ciertas cosas importantes para mí.

Las rutas chilenas, unas pistas. Todas perfectamente demarcadas y señalizadas. Hasta con obreros cortando con bordeadoras los yuyos de los borde (lo vi yo, no me lo contaron). Los sanitarios en su mayoría si no todos funcionando, limpios, con jabón y papel higiénico. Las banderas chilenas, sanas, por doquier: gasolineras, restaurantes, casas de familia y hasta en los monolitos recordando a algún fallecido en la ruta.

Y pensé en lo nuestro. Recordé la ruta entre Santa Isabel y 25 de Mayo en Mendoza: un solo pozo. Los baños: nunca se dieron las tres características ya mencionadas. O no andaban o sí pero estaban sucios o no tenían papel. Y las banderas argentinas...

Entramos al túnel internacional: sendos escudos chilenos nos despidieron. Sólo uno argentino nos dio la bienvenida. Del lado derecho estaba el parante. Al salir el cartel de la aduana roto por la mitad. Entramos a otro túnel sin iluminación por desperfectos. La bandera en la Aduana daba pena, la de un puesto de comida frente a las casillas de peaje era para llorar.

Encontré un Chile pujante, con índices que mejoran, gente trabajando y bien... Pensé en Argentina, en Mendoza.

Se me escapó un lagrimón.

¡Uno no!,  varios.

Mabel L. de Llano 
DNI 11.091.295

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