14 de marzo de 2013 - 01:48

Como cardenal mantuvo una tensa relación con los Kirchner

Néstor Kirchner mudó de Buenos Aires los festejos por la Revolución de Mayo para no oír los discursos críticos del ahora nuevo Papa en el tedéum. Con Cristina no hubo cambios.

La noticia conmovió a la Argentina y al mundo: el nuevo Papa es argentino, y es Jorge Bergoglio. El nuevo pontífice fue hasta ayer y durante más de una década jefe de la Iglesia Católica de nuestro país y tuvo una relación áspera con el gobierno de los Kirchner.

Con Néstor Kirchner la relación fue mucho más distante y conflictiva que con la actual Presidenta. El ex presidente llegó a identificar al entonces cardenal como “el verdadero representante de la oposición”. En aquel momento, Bergoglio se quejó de los dichos de Kirchner.

Tanto lo disgustaba el ahora ex cardenal a Néstor Kirchner que éste decidió trasladar los festejos centrales por la Revolución de Mayo de Buenos Aires a las capitales provinciales para evitar escuchar sus discursos críticos durante el tedéum que se hace como parte de los actos oficiales. Así, cada 25 de Mayo, los Kirchner eligieron una ciudad distinta para encabezar el recuerdo de la declaración de la libertad patria. En 2007 fue el turno de Mendoza, cuando el entonces presidente estaba en plena luna de miel política con el entonces gobernador Julio Cobos, con quien tejió una alianza que a poco de andar se rompió.

En enero de 2007, el periodista de Clarín Sergio Rubín, especializado en temas de la Iglesia, escribió una nota titulada “Kirchner y Bergoglio, separados por cuestiones de fondo”. En la misma explicaba que se había pospuesto una reunión entre las partes y que ni siquiera la cúpula del Episcopado -que encabezaba el propio Bergoglio- logró acordar una visita protocolar a las máximas autoridades del Congreso.

“Kirchner siente que el grueso de los obispos con Bergoglio a la cabeza son un factor muy fuerte de cuestionamiento” a su gestión. La Casa Rosada “se quejó muchas veces de que la Iglesia nunca le reconoció todo lo que hizo el presidente por sacar al país de una de las peores crisis de su historia”, explicó Rubin en el texto.

Sin embargo, cuando el ex presidente murió, Bergoglio reaccionó rápidamente y en cuestión de horas decidió oficiar una misa por el eterno descanso de Kirchner. Lo hizo en la catedral metropolitana. “El pueblo tiene que claudicar de todo tipo de posición antagónica frente a la muerte de un hombre ungido por el pueblo para conducirlo y todo el país debe rezar por él”, dijo en esa oportunidad.

Además, en ese momento pidió que los ciudadanos no sean desagradecidos. “Sería una ingratitud que este pueblo no se una en oración por un hombre que cargó sobre su corazón, sobre su conciencia y sobre su hombro la unción de un pueblo que le pidió que lo condujera”, dijo.

Con Cristina, el punto de enfrentamiento máximo llegó con la ley de matrimonio entre personas de un mismo sexo. Bergoglio fue la cara visible de la marcha contra el casamiento gay y se opuso rotundamente al proyecto que más adelante se transformó en ley.

“Me preocupa el tono que ha adquirido el discurso, se plantea como una cuestión de moral religiosa y atentatoria del orden natural, cuando en realidad lo que se está haciendo es mirar una realidad que ya está”, respondió Cristina en esa oportunidad.

En una de las últimas críticas, el entonces arzobispo de Buenos Aires advirtió en una carta sobre el peligro de acostumbrarse “a oír y ver, a través de los medios de comunicación, la crónica negra de la sociedad”. En esa oportunidad, Bergoglio también apuntó contra “la destrucción del trabajo digno”.

Bergoglio tuvo duras palabras hacia la corrupción hace unos meses y el tono crítico de los documentos del Episcopado en los últimos años fueron otro motivo de malestar para el Gobierno, que se vislumbró en las escasas reuniones que la Presidenta concedió a las autoridades de la Iglesia.

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